Cuentan las crónicas que iba a nacer un río el cual, como todos sus congéneres, marcaría profundamente una zona y, cuando aparecieron los humanos por el lugar, allá hace unos 20.000 años, también a ellos. El río iba a llamarse Segura. Unas dicen que por Shakura (de la raíz ‘shukr’ o ‘shakūr’, agradecido; la misma de Shakira), otras por Wadi al-Abyad (río Blanco).
En todo caso, fuera cual fuese el origen del nombre (Alebo o Alef, buey, para los fenicios; Tader o Thader, palmera, para los romanos), se transformó en Sigura, y de ahí Segura. ¿Cuándo nació? Cuando no se sabe, registra su natalicio con el apodo de ‘tiempos inmemoriales’. Quizá lo suyo sea intentar conocer el nacimiento de su vega baja, la que creó y lo conecta con el mar.
Mitos y leyendas
Bueno, una de las leyendas sobre el nacimiento del río Segura lo convierte en las lágrimas de felicidad de la ninfa Segurella, al ser acariciada por el sol. Pero estos lloros se repiten en muchas tradiciones. Antropólogos hay que aseguran que proceden de leyendas árabes que entraron por la Península Ibérica e incluso viajaron hasta América, mezclándose con tradiciones locales.
Ya que estamos, reseñemos que en un lugar tan alejado como el turístico oasis peruano de Huacachina, allá por el desierto costero del océano Pacífico, su laguna de aguas verdes y sulfurosas nació, dicen, de las lágrimas, por su mala fortuna, de una bella princesa. En quechua, ‘huáccac cachi’ es ‘la que llora sal’. Pero Huacachina es un afloramiento hídrico, como el Segura.
Como paisaje: fondo de pared rocosa, valles fluviales y humedales
Pétrea muralla
Nace, según los científicos, de un afloramiento kárstico o carso (por la región-meseta esloveno-italiana Carso, germanizada como Karst cuando perteneció al imperio austrohúngaro, 1867-1918). O sea, calizas. Como los sistemas montañosos que iban a confluir aquí hace entre unos veintitrés y cinco millones de años, lo que los geólogos llaman era Mesozoica. Por el lado meridional, cordillera prebética; por el septentrional, ibérica.
Crearon, las fuerzas unidas para ello, singular paisaje: fondo de pared rocosa, principalmente calcárea, bastante secarral al sur, más húmeda y hasta boscosa al norte (desde la hoy provincia de Alicante), más unas tierras bajas, costeras, formando valles fluviales, de ríos como el Segura, y humedales por doquier, como el Sinus Ilicitano (Golfo de Elche), formado entre el 4000 y el 3000 a.C., o lo que serían las salinas de Torrevieja.
Civilización del agua
Ocupaba (y hoy existen restos de esto, como el desde 1994 oficialmente Parque Natural El Fondo) buenos bocados del valle del Vinalopó y de la Vega Baja. Esto tendrá dos efectos inmediatos: el mar estaba más cerca y, al tiempo, conforme se retiraba el humedal y sedimentaba el Segura, abundaban tierras riquísimas en limos para, en medio de una zona secana, florecer un puñado de vergeles.
A esto lo íbamos a conocer con el tiempo como la huerta de Orihuela (capital de la comarca, especialmente tras crearse su diócesis, en 1564), una ‘civilización del agua’ donde no la esperabas, y que iba a desarrollarse a la vera o al alcance del Segura. El caso es que ya teníamos el paisaje, ahora tocaba el paisanaje.
Es capaz de devastadoras riadas como en 1651, 1732, 1879, 1946, 1987 o 2019
Inundaciones dantescas
Sembrar, recoger, estando pendiente, eso sí, del ciclotímico caudal, capaz de devastadoras riadas como, por ejemplo, las de 1651, 1732, 1879, 1946, 1987 o 2019. Abarcar sintetizando toda la historia que puede generar un río tan vitalista es materia complicada, quizá insensata. Pero lancémonos (siguiendo las líneas trazadas por los historiadores). Abracemos desde la prehistoria hasta el mismo siglo V, arranque de la Edad Media (hasta el XV).
Bueno, hemos resumido primeros pobladores, fenicios (desde la fundación de Gadir, Cádiz, en el 1100 a.C.), romanización (desde el III a.C. hasta el V d.C.). Se crean los centros agrícolas, comienza a canalizarse el Segura, la huerta toma forma. Luego, entre el V y el VIII, irán apareciendo los primeros núcleos urbanos estables. La cultura árabe de entonces, en una tercera etapa, entre el VIII y el XIII, dejará un gran legado agrícola.
Bajo el Reino de València había señoríos, realengos y huertas comunales
Cítricos y hortalizas
Tampoco fue etapa tranquila. Los regadíos vegabajenses se vieron pasto de luchas entre cristianos y muslimes, mientras a los vikingos les daba por incursionar belicosamente río arriba, hasta Orihuela, en el 860. Bajo el Reino de València, tocaba cuarta etapa (del XIII al XVIII), que convertía al lugar en una salpimienta de señoríos, realengos y huertas comunales.
Continuaría hasta el XVIII, en plena Edad Moderna, en abierta expansión, entre riadas apocalípticas, de cultivos como el cáñamo y la seda. Durante el siglo XIX, incluso existió una provincia de Orihuela (1822-1823), poderío al que no venció ni la dantesca riada de Santa Teresa (1879) ni, en el siglo XX, una Guerra Civil (1936-1939). A lo suyo, el Segura hizo crecer la producción de exportables cítricos y hortalizas. Así fue como pasó, según las crónicas me contaron.


















