Entrevista a Conxa Guilabert / Escritora y directora del IES Macià Abela (Crevillent, 19-abril-1965)
Mujer de recursos, ampliamente polifacética, Conxa Guilabert es el perfecto ejemplo que una infancia y adolescencia rodeada de libros suele conllevar una vida rica en cultura. “Tuve la suerte que mi padre era maestro y mis regalos de Reyes siempre fueron obras literarias o juguetes educativos”, rememora.
Esa pasión la trasladó seguidamente a la docencia, trayectoria iniciada hace más de tres décadas. Durante un sinfín de cursos fue vicedirectora del IES Macià Abela, hasta que en 2017 tomó las riendas de la dirección, “cargo que abandono este año”. Los motivos nos los contará con detalle.
Autora de diversos libros (‘Pell d’Àngel’ o ‘Jaume, el de la serra’), en abril tiene previsto presentar su nueva propuesta, “la primera que escribí”. Asimismo, está muy vinculada a los Moros y Cristianos -fue la primera Heula de nuestra localidad-, ha hecho radio y televisión, es presidenta de una asociación de amigos del esparto, colabora con el grupo ‘Els Teatrers’…
¿De qué modo te atrapó la lectura?
Cada libro se debe regalar en el instante adecuado, primero un cómic, después un tebeo y una novela juvenil. Recuerdo con mucho cariño los clásicos de Disney, llenos de colores, las aventuras de ‘Mortadelo y Filemón’ o ‘Zipi & Zape’.
Pasé más tarde a la saga de ‘Los Cinco’, una serie de aventuras, junto a decenas de biografías de músicos y escritores. Me marcó especialmente ‘La vida sale al encuentro’, de José Luis Martín Vigil.
«Un buen profesor puede guiar el devenir de una persona, en mi caso fue Esperanza Sempere»
¿Cambiaron después tus referentes?
Por supuesto, en el instituto. Considero que un buen profesor puede guiar el devenir de una persona, en mi caso fue Esperanza Sempere, maestra de literatura, posterior directora de la Coral Crevillentina. Gracias a ella descubrí ‘El Quijote’, libro que me maravilló.
«He escrito también poesía, un estilo más afín a mí, a mi modo de expresar las emociones»
Como autora, ¿sabrías definir tu estilo?
Me es complicado, también porque comencé a publicar tarde, con cincuenta años. Antes escribí también poesía, ya en mi etapa universitaria, un estilo mucho más afín a mi carácter, a mi modo de expresar las emociones. Pese a no parecerlo, soy sumamente reservada; escribía, pero todo lo guardaba en el cajón.
¿Qué sucedió para que salieran de allí?
La vida, que no deja de sorprenderte y traerte personas nuevas. El autor Toni Rovira empezó a pedirme artículos, de diversos temas, y casi de repente uno de mis cuentos se publicó en el periódico ‘El Mundo’.
En los albores de Internet me propusieron que escribiera para Vilaweb; cada semana publicaba un ensayo en este portal catalán y sin mi consentimiento un compañero presentó uno -muy breve, ‘M’agrada estar ací’, sobre la situación migratoria- en un concurso literario de Crevillent.
Háblanos de tu tercera novela.
Realmente fue la primera que elaboré, hace más de diez años, ‘Quatre amors i mig’, título que no me acaba de convencer (ríe). Ciertamente, me cuesta muchísimo poner nombre a mis novelas.
¿Cuál es la trama?
Va sobre mi obsesión por el destino, que no pienso esté escrito, pero sí hay muchas casualidades y causalidades en la vida, que te llevan de un lado a otro. Son cuatro personajes que van encontrándose -por medio de juegos-, representando cada uno mis diferentes aficiones: literatura, cine, música y fotografía.
¿Otra pasión es la enseñanza?
Llegué a la docencia porque me fascina la literatura, por eso estudié filología. Tuve la enorme suerte de ser la única alumna de mi promoción que aprobó la oposición el mismo año que nos licenciamos.
Me introduje entonces de lleno en la enseñanza -principalmente de lengua catalana y comunicación audiovisual-, con la idea de involucrarme al máximo. Pasé por diversos centros, en San Vicente, Elche y el propio Crevillent, hasta que entré en el IES Macià Abela, donde precisamente había estudiado. Se cerraba un bonito círculo.
«Antes quizás se educaba más en las casas, no en las escuelas, donde tenemos muchísima responsabilidad»
¿Los alumnos han cambiado en estas décadas?
Eso se piensa desde fuera, pero el comportamiento de ellos sigue siendo el mismo; lo que ha variado es la sociedad y el sistema educativo. Antes estudiábamos los que teníamos la oportunidad y realmente deseábamos hacerlo, mientras ahora los jóvenes tienen esa obligación hasta los dieciséis años.
Contamos a día de hoy con muchos más recursos, aunque la situación en un aula es tan plural… La autoridad en casa, además, era mayor; quizás se educaba más en los hogares, no en las escuelas, donde asumimos más responsabilidad de la que nos toca. Me preocupa especialmente la falta de modelos y referentes.
Si tanto te gusta, ¿por qué la dejas?
Terminó mi ciclo, es el momento que tomen el relevo nuevos profesionales, en los que confío al cien por cien. También estoy sumamente ocupada, con infinidad de proyectos y es el año perfecto para jubilarme.


















