Entrevista a Antonio Serrano / Músico (Madrid, 3-marzo-1974)
Charlar con Antonio Serrano es hacerlo de música clásica, jazz, flamenco y, sobre todo, de su armónica cromática, instrumento del que es un virtuoso, como muestra su dilatada trayectoria y haber colaborado con artistas del talante de Paco de Lucía, Raimundo Amador, Tomatito, Ana Belén, Pedro Guerra, Andrés Calamaro…
Gran parte de su talento se lo debe a su padre (Antonio), quien con siete años le marcó un método de enseñanza que le permitía aprender a tocar cualquier instrumento y estilo musical. “Le he echado muchísimas horas al piano, también al violín, aunque donde realmente destaqué es con la armónica”, se sincera.
El próximo 21 de marzo ofrecerá un concierto en el Palau de Altea para lanzar su último trabajo, ‘Jazz Caló’, proyecto que comparte con Kaele Jiménez. A finales de febrero deslumbró con sendas actuaciones en Castellón y Aspe (Alicante), acompañado por la Orquesta Sinfónica de Castellón, introduciendo un arreglo de ‘El sombrero de tres picos’ de Manuel de Falla.
¿Cómo recuerdas tu infancia musical?
Crecí en una casa donde estaba muy presente la música, debido a la ferviente pasión por la misma de mi padre. Recuerdo que contábamos con un coro familiar, en el que nos reuníamos para cantar canciones, con mi padre a la guitarra.
Sin embargo, su gran pasión era la armónica y fue con este instrumento con el que me inició en la música. Poseíamos cientos de armónicas, después me extrañaba que en otros hogares no hubiera (ríe).
«La armónica es un instrumento del que hay que conocer su sensibilidad; precisa de muy poco aire»
¿Qué tiene de especial ese instrumento?
Es muy cercano a la voz humana. Sus lengüetas son muy sensibles y al estar muy próximas a la garganta se le pueden aplicar numerosos matices, es un muy expresivo, lírico.
Se trata de un instrumento muy fácil de tocar mal y difícil de dominar; simplemente soplando o aspirando, ya suena, pero de ahí a hacer música hay un largo recorrido. Hay que conocerlo bien, especialmente su sensibilidad, precisa de muy poco aire.
¿En qué momento el jazz se cruza en tu vida?
Fue precisamente en Altea, donde resido desde pequeño. Tendría unos trece-catorce años y un amigo belga de mi padre, Luc Vreysen, me habló de Toots Thielemans, músico increíble, por entonces el mejor armonicista de jazz del mundo.
Vreysen, que ayudaba en mis inicios, conservaba diversos discos de Thielemans; cuando los escuché no me podía creer que se pudiera tocar la armónica así. Había descubierto el jazz, maravillado sobre todo que fuera tan improvisado. Hasta ese momento para mí la música era seguir una partitura.
Muchos te consideran un virtuoso de la armónica, ¿por tu enorme versatilidad?
Son conceptos distintos, pues el virtuosismo está relacionado con tener una gran capacidad técnica, mientras la versatilidad consiste en conocer y entender diferentes estilos.
La técnica que poseo en la armónica se la debo al buen maestro que fue mi padre, que siendo ingeniero de profesión aplicó sus conocimientos a la pedagogía de ese instrumento. También empecé muy pronto, factor determinante en la música.
Mi versatilidad musical quizás se deba a que la armónica cromática no está encasillada en ningún estilo, circunstancia que me obligó a explorar distintos campos.
«Al mudarme a Madrid empecé a frecuentar las jam sessions, en un momento en que el flamenco-jazz estaba de moda»
¿De qué modo te condicionó?
Durante años no hallé mi camino. En la música clásica no me aceptaban del todo y tuve que encontrar mi hueco en el blues y jazz, donde comencé de cero.
Al mudarme a Madrid empecé a frecuentar las jam sessions, en un momento en que el flamenco-jazz estaba de moda. Me escucharon músicos de flamenco, los que después me recomendaron a Paco de Lucía.
¿Tocar con Paco fue un punto de inflexión?
Por supuesto, pasé de ser conocido únicamente entre músicos (locales) a mundialmente. Él me hizo internacional cuando no era tan fácil mostrar tu trabajo.
¿Hablamos del concierto del 21 de marzo?
Tendrá lugar en el Palau de Altea, donde mostraré mi último trabajo, ‘Jazz Caló’, de la mano de Kaele Jiménez, joven pianista gitano. Llevamos un tiempo elaborando un proyecto que me ilusiona presentarlo en Altea, porque nació y se grabó en nuestra localidad.
En ‘Jazz Caló’ vamos a cuarteto, con dos de los mejores músicos de fusión, Josué ‘Ronkío’ (bajo eléctrico) y Marc Miralta (batería). Como sorpresa tocarán algunos miembros de la Sociedad Filarmónica Alteanense, entidad de la que fui miembro en 1991.
¿Actuar en casa implica una presión añadida?
No necesariamente; deseo más que el auditorio se llene, ojalá sea así. Me encanta tocar en Altea, ante tanta gente que me conoce y está de mi parte.
«Diría que las cosas me están yendo bien, con oportunidades de hacer y presentar mis proyectos»
Para acabar, ¿estás en un buen momento?
Creo que sí, recién cumplidos los 52 años (ríe). Es un momento de madurez, en el que las cosas me están yendo bien, con oportunidades de hacer y presentar mis proyectos.


















