Entrevista a Javi Guerrero / Actor amateur (Petrer, 22-mayo-1965)
Cumplir años implica aprender de la vida, y habitualmente rodearte de buenas personas, como es Javi Guerrero, bombero de profesión y actor amateur del grupo ‘Sense Barreres Teatre’. “Entré en la compañía sobre todo para ayudar”, comenta con humildad.
Pero le agradó tanto actuar y los escenarios que forman ya parte indisoluble de su existencia. Confiesa no sufrir en exceso antes del estreno, “algo de adrenalina sí, por supuesto”, posiblemente sus años como profesor de kárate influyen.
Bombero de profesión, ha participado activamente en los dos últimos éxitos de la compañía, ‘Los Palomos, el crimen perfecto’ y ‘No te vistas para cenar’. Ya ha comenzado la preparación de la siguiente función, “nuevamente una comedia, cuyo estreno será el próximo febrero”.
¿Cuándo te picó el veneno del teatro?
Empezó todo como una colaboración, un aspecto que me ha caracterizado desde siempre, el anhelo de ayudar al prójimo. Poco antes de la pandemia, mientras se confeccionaba la obra ‘La Pasión de Cristo’, necesitaban gente para montar y desmontar el escenario.
Hice en la función de centurión, un breve papel, y de Apóstol Felipe. Tuve más relevancia en la siguiente obra, ‘Por delante y por detrás’, dirigida por Sebastián Tenés.
Y te atrapó de verdad…
Muchísimo, sin tener una formación específicamente actoral. Es cierto que he estado muchos años de cara al público y eso ayuda, sin duda; no tengo miedo escénico y generalmente no me pongo nervioso. Otra ventaja es mi memoria fotográfica, capto de inmediato las ideas.
Pertenecer a Sense Barreres, una asociación que ayuda a minimizar las enfermedades raras y discapacidades, es siempre un placer.
«Muchas veces nos complicamos la vida nosotros mismos; es bonito ayudarnos unos a otros»
¿Te dicen a menudo que eres buena persona?
Es feo decirlo, pero sí. La vida es muy sencilla, es bonito ayudarnos unos a otros, y muchas veces la complicamos nosotros mismos. Si das, recibes, e intentas rodearte de gente afín a estos principios.
Volvamos a las tablas. ¿Qué sientes la noche del estreno?
Nervios pocos, la verdad. Mi deseo se focaliza en que todo vaya normal, es decir, que los compañeros y yo nos sepamos el texto y no haya errores graves, tras tantos meses de trabajo y ensayos.
Todos los actores compartimos un puntito de incertidumbre antes de empezar, sensaciones que desaparecen nada más pisar el escenario. ¡Solo hay que desarrollar los deberes hechos!
«Sobre el escenario siento principalmente responsabilidad, pero buena, no una que me condicione»
¿En el propio escenario percibes algo especial?
Sobre todo responsabilidad, pero buena, positiva, no una losa que me condicione. Ansío que el público disfrute con nuestras comedias, notar la fusión con ellos… Por fortuna el resultado casi siempre es excelente, en ocasiones hasta debemos parar porque las carcajadas en el patio de butacas son constantes (ríe).
¿Cuáles han sido tus trabajos más relevantes?
‘Los Palomos, el crimen perfecto’, nuestra obra fetiche, representada en muchísimos municipios, obteniendo también numerosos premios en certámenes. Asimismo, ‘No te vistas para cenar’, cuya última función fue en enero.
Con ambas hemos estado por ejemplo en Navalcarnero, Leganés -ambas localidades de Madrid- y Utiel, en el prestigio concurso Enrique Rambal.
Detállanos alguna anécdota graciosa.
Es altamente complicado repetir en algún certamen, debido al gran número de compañías teatrales que hay repartidas por el país. Hemos tenido la fortuna de hacerlo en Águilas (Murcia), la ciudad natal de Paco Rabal, y tras acabar ‘No te vistas para cenar’ había infinidad de personas esperando para hacerse fotos con nosotros y pedirnos autógrafos. Fue increíble.
Nos habíamos llevado el Premio Especial del Público; para nosotros el galardón más importante, porque el público no engaña, es el que vibra, la prueba del algodón.
¿Estáis ya trabajando en la próxima obra?
Recientemente comenzamos los ensayos de nuestra siguiente propuesta, de la que no podemos todavía desvelar el título. De nuevo será una comedia coral, con cinco actores y dos actrices en escena.
Es una obra muy buena, las risas están garantizadas y esperamos cosechar el éxito de las anteriores. La idea es estrenarla en el Teatro Cervantes alrededor del Día de las Enfermedades Raras (28 de febrero).
«Con los compañeros es clave tener complicidad; somos una familia, pasamos muchas horas juntos»
¿Podrías hablarnos de los compañeros, de la complicidad?
Somos una familia, donde no llega uno lo hace el otro. Pasamos muchísimas horas juntos, en los desplazamientos principalmente, y tener buena relación es fundamental; hay momentos buenos, regulares e instantes que incluso nos enfadamos, sacando siempre lo mejor.
Es común sentir presión por el texto, querer manifestarlo de una forma, pero que Carmen Tere Pla, la directora, piense -con buen criterio- que debe ser de otra… Entra ahí el factor humano, apoyarnos unos a otros, sin que nadie tenga la absoluta certeza que lo está haciendo bien.
Para concluir, ¿es cierto eso del viaje metafórico?
Por supuesto, es una inmersión total en el personaje y la trama, determinante para transmitírselo después al público. Se trata de algo puramente emocional.

















