Entrevista a Asun Juan Soler / Fisioterapeuta (Santa Pola, 11-marzo-1981)
Al igual que la mayoría de los jóvenes de su generación, Asun Juan Soler no sabía a qué dedicarse, “pese a tener claros mis gustos, rodearme de gente, dialogar, el cara a cara”. La indecisión se mantuvo incluso en la Selectividad, optando finalmente por biología.
Se trata de una carrera preciosa, reconoce, pero no acabó de atraparla, “no me veía de bata”, apunta, “básicamente porque en un laboratorio apenas había otras personas”. Finalizó el primer curso y pasó acto seguido a fisioterapia.
“Alguien puede tener un dolor de espalda, pero después te cuenta infinidad de aspectos de su vida…”, expone, “¡y al influir en nuestro cuerpo, me apasiona!”. Asun, también osteópata, fundó su propio centro en 2003 junto a su entonces pareja, quedándose sola cinco años después.
¿Por qué cambiaste la biología por la fisioterapia?
Siempre he sido muy aficionada del FC Barcelona y pasó que Pep Guardiola -durante su etapa como jugador culé- se lesionó de los isquiotibiales, palabra que desconocía y me enamoró. La fisioterapia en aquella época, hablo de principios de los 2000, apenas la empleaban muy pocos, la Presley y alguna más (ríe).
«Una gran verdad es que todo nos influye y que los pacientes se nos desnudan emocionalmente»
¿Quisiste averiguar?
Recuerdo que mis padres me llevaron a un fisio de Elche que conocían, con la idea de que me desencantara. Sucedió todo lo contrario, el trato directo con la persona, cómo se desnuda emocionalmente ante ti.
Descubrí seguidamente que la carrera de fisioterapia es muy bonita, muy práctica, estábamos juntos todos los alumnos, como una piña.
¿Supiste en ese instante la magia de tus manos?
(Ríe). Llevo en esto veintitrés años. Al principio no tenía esa magia, ni mucho menos. Ahora no considero que la tenga, pero he aprendido a tocar, a sentir y a nivel térmico el cuerpo nos habla y se puede sentir un poco más de calor en las zonas lesionadas.
Paso por ahí las manos y se sorprenden que sepa dónde está la lesión. No es magia, sino ciencia; simplemente años de experiencia.
«No considero que tenga magia en las manos, pero con los años he aprendido a tocar, a sentir»
¿Has podido recuperar lesiones graves?
Ciertas personas han acudido a mí con lesiones estructurales, fuertes caídas de moto, por ejemplo. No se puede recuperar del todo; optimizas lo que le queda y esperas que pueda vivir sin dolor, sabiendo que tendrá una limitación para siempre.
En cambio, esos dolores pueden venir sin causas, por cuestiones circunstanciales; le haces recapacitar, porque una gran verdad es que todo nos influye y se desnudan emocionalmente, como decía, empiezan a entenderse. Comprenden que esos dolores no son por una causa física.
¿Cuáles son las principales lesiones que tratas?
Conmigo trabaja mi compañero Jorge Blasco Mula, a quien le gustan las lesiones estructurales, mientras a mí las personas con dolores sin causa aparente. A cada uno nos fascina un aspecto y así podemos abarcar más pacientes.
En este sentido, ¿los deportes más lesivos son…?
Muchos piensan que es el crossfit, pero lo es solo si no controlas, pues es habitual que se piquen unos con otros. Provocan muchas más lesiones los deportes de arrancada constantes, es decir, el pádel, tenis, fútbol…
¿Tus jornadas deben ser agotadoras?
Son muy largas, comenzando por la mañana y acabando por la tarde-noche. Las sesiones suelen durar entre cincuenta y sesenta minutos, aunque debo decir que la fisioterapia ha evolucionado muchísimo.
En mis inicios teníamos únicamente la fisio de camilla, la que me gusta, la de terapia manual. Ahora también existe la de sala.
¿Cómo es ese tipo de fisio?
Es maravillosa; consiste en que el paciente tome su salud en serio y se mueva. Si tienes un problema de espalda por las lumbares, ¡muévete!, se acabó el reposo.
¿Eres igualmente osteópata?
Nunca he dejado de estudiar, he aprendido diferentes técnicas, muchas de ellas buenas. Básico es sentirte a gusto y que el paciente que la recibe también.
«Tras la pandemia mi labor es cada vez más psicológica, todos en parte nos hemos deshumanizado»
¿Hasta qué punto debes ser psicóloga?
Se trata de una escucha activa, una parte fundamental de mi trabajo, sobre todo tras la pandemia. Alguna señora ha venido a mí, me ha contado sus sentimientos -mientras la trato- y media hora después seguía hablándome, de sus cosas.
Acaban sintiéndose mucho mejor; todos en parte nos hemos deshumanizado. Acuden al fisio, que le escucha mucho rato -situación que me maravilla-, eso de por sí ya sana.
¿Participaste recientemente en una mesa redonda?
Exacto, el sexto ciclo de ‘Mujeres santapoleras con ciencia’. Fue una charla sumamente interesante, en la que sobresalió Estefanía Rodríguez, ingeniera técnica, la definición perfecta de luchar por tus sueños.
Por mi parte, basé mi exposición en que hace un cuarto de siglo todo era muy distinto, las mujeres no estábamos ‘normalizadas’ a nivel profesional. Entraba alguien por la puerta y me preguntaba por el jefe, ¡si soy la propietaria!, debía contestarle. Por suerte los tiempos han cambiado, mínimamente.


















