Entrevista a Mary Carmen Sereno / Bailarina y coreógrafa (San Vicente, 11-febrero-1977)
Mary Carmen Sereno tuvo desde niña la ilusión de ser profesora de ballet, “más que bailarina en sí”, logro que también consiguió. Era tal la pasión que evidenciaba que con apenas seis años se lo comunicó a sus padres; con dieciséis se licenció -a la edad más temprana posible- y un curso después impartía clases en Torrevieja.
Pasó seguidamente al Conservatorio de San Vicente y con veinte años, en 1997, fundó su homónimo estudio de danza. Allí abre todas las tardes -de lunes a jueves, de 18 a 22 horas-, ocupando el resto de la semana en preparar clases y coreografías, “muchas inspiradas en las que realizó Pepe Espadero, ilustre bailarín alicantino”.
Dirige, asimismo, su propio ballet, creado en 1996, el llamado ‘Ballet de Mary Carmen Sereno’, “organizando bailes y números también para otros”. Sobresale su perenne colaboración con Materlírica España, prestigiosa compañía lírica, comandada artísticamente por María José Molina.
¿Es cierto que estudiaste música?
Solfeo principalmente, pues sabía que era imprescindible para hacer ballet, mi gran objetivo. Unos años antes, con tres, me apuntaron a gimnasia rítmica con mi ‘tío’ José Ramón, también porque era muy inquieta, hacía baloncesto, natación, todo me fascinaba…
Aunque nada como el ballet.
Por supuesto. Recuerdo que mis padres me hicieron elegir, ¡todo era demasiado! Tuve clarísimo cuál era mi pasión, aprender ballet, de la mano de la que considero mi gran maestra, Verónica Vercher.
«Soy muy familiar y jamás quise marcharme, pese a las numerosas ofertas, anhelaba mostrar mi talento en casa»
¿Ella era un espejo para ti?
Siempre he sido muy entusiasta en lo que hago. Verónica, que tanto me apoyó, tenía una dulzura especial que fomentó todavía más en mí el amor por la danza. Tuve el camino cristalino, solo debía seguirlo.
No deseaba ser bailarina, sino profesora de ballet, enseñar. Con el tiempo he desarrollado ambas funciones, pero soy muy familiar y jamás me quise marchar -pese a las numerosas ofertas -; anhelaba mostrar mi talento en casa, junto a Pepe Espadero.
¿Qué te maravilló del flamenco?
A pesar de que lo disfruto bailando, me agrada más la danza española, el clásico español y la escuela bolera. Nada es comparable al zapateo y la castañuela.
¿La denominada marca España?
¡Claro! La danza española, muchos lo desconocen, se divide en cuatro modalidades, siendo el flamenco una de ellas, la más conocida.
Las otras tres son danza estilizada -el zapateo y castañuela de la que hablaba-, escuela bolera (la más complicada, con numerosos saltos y giros) y la regional, que abarca desde unas sevillanas a una jota aragonesa o una sardana catalana.
¿Hasta dónde te llevó el baile?
Uf, a muchos sitios de España, Francia e Inglaterra. A día de hoy sigo bailando, en Materlírica España, compañía de zarzuela y ópera ubicada en Madrid. Todos sus componentes son de la capital, excepto el ballet, que son míos, casi todos sanvicenteros.
En enero, por ejemplo, actuamos dos lunes en el nuevo Teatro Alcalá, el día de descanso del musical ‘Wicked’. Llenamos ambos días.
¿Te tentaron para que te instalaras en Madrid?
Sí, pero nunca quise marcharme, deseaba bailar en casa, como señalaba. Después también fui mamá, por partida doble… No dejé de dar clases ni embarazada, sobre todo con Amaya, mi hija mayor (ríe).
¿En qué momento pasaste a la coreografía?
Pienso que siempre ha ido a la par, ya desde pequeña, cuando montaba coreografías con mis amigas. ¡Era nuestra principal diversión!, crear mis propios montajes.
Después, con los años, los he trasladado a un plano profesional, porque habré elaborado al menos doscientas coreografías, de todo tipo; me encanta que haya muchos bailarines, que sea muy coral, con muchas variaciones, entradas y salidas…
«Además de dar clases, preparo los vestuarios, la coreografía y bailo; mis jornadas son ciertamente intensas»
¿Cuál es el nivel de tus alumnas?
Está feo decirlo, pero muy alto. Tanto es así que las mejores se han incorporado a mi ballet, el de Mary Carmen Sereno. Todas son chicas, menos uno, que curiosamente es mi sobrino, de once años; ¡fue él quien insistió!
Soy la única que da clases, igualmente preparo los vestuarios, la coreografía y bailo. Mis jornadas ciertamente son intensas.
«Uno de mis grupos, exclusivamente de alumnas mayores, vienen a desconectar; nos reímos y disfrutamos tanto…»
Háblanos del baile como terapia.
Es una cuestión que comento continuamente con mis alumnas. Uno de los grupos, exclusivamente más adultas, viene por eso, para desconectar; nos reímos tanto, lo disfrutamos de tal forma. Acuden cansadas, de trabajar todo el día, pero les da igual, ¡es terapia para ellas!
También lo es para mí, especialmente el hecho de compartir, el baile y la diversión. A continuación me cuesta dormir, sigo con las pilas cargadísimas (ríe). Debemos ser feliz, hacer lo que nos apasione; es mi filosofía de vida, que intento inculcar a los que me rodean.
¿Qué estás preparando ahora?
Curiosamente no voy a montar coreografías nuevas para nuestro festival, sino que serán un resumen de las realizadas durante mi trayectoria.


















