Las lluvias registradas entre finales de 2025 y los primeros meses de 2026 han dado un respiro a la comarca de la Marina Baixa. Sin embargo, el alivio no debe confundirse con el fin de la sequía. Así lo advierte el director del Consorcio de Aguas de la Marina Baixa, Jaime Berenguer, quien confirma que, aunque la tendencia ha mejorado, la comarca sigue oficialmente en situación de alerta.
Tras tres años marcados por un acusado déficit hídrico (de 2023 a 2025), los últimos episodios de lluvias han dejado registros significativos: alrededor de cien litros por metro cuadrado a finales de diciembre y otros cien litros sólo en la primera semana de enero, con acumulados superiores a 150 litros en la zona alta y casi 280 en la vecina comarca de la Marina Alta. Una situación que ha permitido recuperar recursos estratégicos.
Fuentes del Algar, clave en la recuperación
La mejora más visible ha sido el espectacular incremento del caudal en las Fuentes del Algar, uno de los principales aportes hídricos de la comarca. Según explica Berenguer, han llegado a emanar en torno a 4.500 litros por segundo. De ese volumen, aproximadamente la mitad, unos 2.000 litros por segundo, se está bombeando hacia los embalses de Guadalest y del Amadorio.
Este sistema de impulsión es esencial en la Marina Baixa, donde los embalses no se llenan de forma natural salvo en episodios excepcionales de lluvias intensas. Sin las infraestructuras del Consorcio, buena parte del agua acabaría perdiéndose en el mar.
Gracias a este episodio se han recuperado cerca de cuatro hectómetros cúbicos y se han podido detener los bombeos continuados de pozos como los de l’Algar o Beniardà, que llevaban tres años funcionando sin descanso. La consecuencia inmediata será una progresiva recuperación de los acuíferos y de las reservas subterráneas.
A mediados de diciembre la situación apuntaba hacia la emergencia. Ahora, la tendencia ha mejorado y se confía en que la primavera permita pasar de alerta a prealerta. No obstante, la comarca sigue en sequía.
Entre 2024 y 2025 se han destinado alrededor de quince millones de euros a la compra de agua externa
Sequías cíclicas y el coste del agua
Las estadísticas recuerdan que las sequías severas en la Marina Baixa son cíclicas, con episodios intensos cada quince o veinte años: 1978, 1983, 1995, 2000 y el actual ciclo iniciado en 2020. Los datos invitan al optimismo, pero 2026 deberá confirmar que se consolida un año hidrológico normal.
Para este ejercicio están previstos seis hectómetros cúbicos de aportes externos. Su utilización dependerá de cómo evolucione la pluviometría en primavera, tradicionalmente el periodo más lluvioso en la comarca.
Esta sequía ha tenido un impacto económico contundente. Entre 2024 y 2025 se han importado cerca de quince hectómetros cúbicos de agua, con un coste aproximado de otros tantos millones de euros, casi una vez y media el presupuesto anual del Consorcio.
El contraste con 2022 es llamativo: aquel año se contabilizaron casi 92 hectómetros cúbicos circulando por el río Guadalest que acabaron directamente en el mar, al encontrarse embalses y acuíferos llenos. Para el Consorcio, esta realidad evidencia la necesidad de incrementar la capacidad de almacenamiento.
Los embalses de Guadalest y Amadorio pierden capacidad útil por la colmatación y la falta de actuaciones estructurales
Embalses envejecidos y lucha en los tribunales
Las presas de Guadalest y Amadorio fueron construidas en los años cincuenta. Además de su antigüedad, sufren procesos de colmatación que reducen progresivamente su capacidad útil. El desagüe de fondo del embalse de Guadalest, por ejemplo, lleva décadas pendiente de reparación, lo que dificulta la eliminación de sedimentos.
A ello se suman las limitaciones derivadas de los resguardos de seguridad fijados tras la Pantanada de Tous y la obligación de mantener caudales ecológicos.
El Tribunal Supremo ha rechazado recientemente el recurso presentado por el Consorcio contra la regulación del caudal ecológico en los ríos Guadalest y Amadorio, obligando a mantener los volúmenes establecidos por el Ministerio.
Desde la entidad comarcal se defiende que ambos son ríos de carácter efímero y que el régimen debería adaptarse a esa realidad, como sucede en otras cuencas. La negociación continuará en el próximo plan hidrológico.
Prevista para 2034, la gran desaladora comarcal aportaría seis hectómetros cúbicos anuales en su primer módulo
La desalación, eje estratégico de futuro
Ante el escenario de cambio climático, aumento de temperaturas y crecimiento urbano previsto (en torno a siete hectómetros cúbicos adicionales), la desalación se plantea como solución estructural.
A corto plazo, el Consorcio impulsa la recuperación de la pequeña desaladora ubicada en el entorno del parque temático Terra Mítica, con financiación conjunta de Generalitat, Diputación y Consorcio. El proyecto está en fase de adjudicación y podría licitarse a finales de año.
Y a medio plazo, el horizonte se sitúa en 2034, con una gran desaladora modular para la Marina Baixa, cuyo primer módulo aportaría seis hectómetros cúbicos anuales. Además, se contempla la conducción Rabasa-Cenollar hasta Amadorio para reforzar aportes en episodios críticos.
Regadío y reutilización
El segundo gran eje estratégico es el regadío. La ampliación del tratamiento terciario de la EDAR de Benidorm permitiría incrementar el suministro a comunidades de regantes de La Vila Joiosa, Altea, La Nucía y Polop, además de mejorar la eficiencia en usos urbanos.
Este proyecto, que requiere la implicación de la Generalitat y el EPSAR, también tendría impacto ambiental positivo al evitar vertidos como la conocida ‘catarata’ en Serra Gelada.
Un equilibrio frágil
La Marina Baixa ha demostrado en los últimos años una notable capacidad de gestión hídrica, combinando recursos superficiales, subterráneos, desalación y reutilización. Sin embargo, el equilibrio sigue siendo frágil.
Este invierno las lluvias han permitido ganar tiempo y recuperar reservas, pero la comarca continúa oficialmente en alerta. El futuro dependerá de la primavera, de la planificación estratégica y de la ejecución de infraestructuras largamente reivindicadas.
En un territorio marcado por la irregularidad climática y el peso del turismo y el crecimiento urbano, el agua sigue siendo el gran reto estructural de la Marina Baixa.


















