Apunta el sol a esconderse. Un campo sembrado de militares decimonónicos moribundos o ya cadáveres. Humo. Lamentos. Dos soldados, otros ropajes, andan frente a este panorama. El más bajito se vuelve y le dice al más alto: “La que hemos montado”. Y aquel responde, cabreado: “Pues que no hubieran empezado ellos”. Humor absurdo según dos de sus más insignes representantes: Tip y Coll.
Eso del ‘nonsense’ (sinsentido), que tanto abonaron los cortos animados de estudios hollywoodenses como Warner Bros, o los espectáculos y películas de los Hermanos Marx, lo tenemos como estadounidense, europeo si nos ponemos serios, entre los cuarenta y sesenta con lo del Teatro del Absurdo. Pero era también muy nuestro, gracias, entre otros, al valenciano Luis Sánchez Polack (1926-1999), Tip.
Fue precursora mundial de esto la obra cómica ‘Tres sombreros de copa’
Una codorniz pionera
¿Absurdo español? Y pionero. Para muchos entendidos, fue precursora mundial la obra cómica, de trasfondo rasposo, ‘Tres sombreros de copa’ (1932, aunque no se representaría hasta 1952), del madrileño Miguel Mihura (1905-1977), uno de los directores, entre 1941 y 1944, de ‘La Codorniz’ (1941-1978), publicación madre y padre de, por ejemplo, la aún activa ‘El Jueves’ (1977).
Creadores como el gaditano Pedro Muñoz Seca (1879-1936), que en el fondo se había adelantado a Mihura con ‘astracanadas’ como ‘La venganza de Don Mendo’ (1918); Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), con títulos como ‘Eloisa está debajo de un almendro’ (1940); o incluso Edgar Neville (1899-1967), autor teatral y cineasta madrileño-alfafarense, serían algunos nombres que cultivaron esta vertiente (los dos últimos vinculados también a ‘La Codorniz’).
Entremeses y sainetes
Y teníamos el legado del sainete, surgido en el XVII a partir de los entremeses, nacidos en hacia el XV como complemento y descanso en representaciones más amplias. El sainete valenciano, a partir de la Renaixença (renacimiento) valenciana, entre mediados y finales del XIX, o las obras del alicantino Carlos Arniches (1866-1943) iban a afianzar aún más este peculiar teatro cómico español.
Caldo de cultivo para que aparecieran en escena futuros innovadores del género como Tip o el madrileño Miguel Gila (1919-2001), quien lograría sus primeros triunfos en 1951, y que por cierto también fue humorista gráfico (entre otros medios, en ‘La Codorniz’). En cuanto a Luis Sánchez Polack, tuvimos que esperar a la década de los cuarenta, cuando, establecido profesionalmente en las tablas madrileñas, arranca su carrera humorística.
Ilustres antepasados
Así, quien fuera la mitad de Tip y Coll había nacido en el seno de una familia de clase media alta, tirando a totalmente acomodada. Muy relacionada con el ferrocarril, por cierto: ya el hermano de su bisabuelo Fernando, Ernesto Polack, ingeniero judío (era de dicha religión) afincado por estas tierras y hoy de biografía un tanto diluida, participó activamente en el establecimiento aquí del tren.
También les quedó tiempo a ambos hermanos para luchar por la libertad religiosa en España. El padre del futuro Tip, de nombre diluido, de hecho, prologaba esa relación con el tren: era abogado de Wagons Lit. Quizá por eso resulte curiosa el tanto Luis como su hermano Fernando (1920-1982), uno de los grandes actores de carácter del cine y la televisión españoles, se decidieran por la escena.
Llegaban antes, en 1944, Tip y Top, con el madrileño Joaquín Portillo
Primer dúo exitoso
Luis Alberto Sánchez Polack, que tal era su nombre completo, estudió en la Escuela de Artes y Oficios y Cerámica hasta que pudo debutar en las tablas, en 1944, como meritorio en el María Guerrero, y un año después en la radio, en la Ser, con su primer personaje, Don Pedro Primavera de la Quintilla. Pero su éxito iba a venir en formato dúo.
Antes de Tip y Coll llegaban en 1944 Tip y Top: teatros, salas, radio, cine. Y televisión, desde 1957, con la española recién surgida de la tahona (oficialmente iniciaba emisiones el 28 de octubre de 1956). Tip y Top ya prefiguran los futuros Tip y Coll, ahondando en las raíces del humor absurdo con raigambre española. Pero la mujer del madrileño Joaquín Portillo (1911-1994), Top, enfermaba gravemente y en 1961 este se dedicaba a cuidarla.
Durante y después del franquismo, sortearon censuras a veces muy duras
Complementando caracteres
Tip se centró en la televisión, con creaciones como ‘Las Zapatiestas’, hasta que a partir de 1967 formaba nuevo dúo, ahora con el conquense José Luis Coll (1931-2007). Se complementaban como dos ruedas dentadas: Sánchez Polack, desinhibido, ocurrente, conservador; Coll, reservado, serio, progresista. Salían en ‘La Codorniz’. Sacaban un número tras otro. Sea el ‘gag’ del comienzo del artículo, sea enseñarnos a llenar un vaso de agua.
Sortearon como pudieron censuras, a veces muy duras, durante y después del franquismo. Hubo diferencias entre ellos, que al final se solucionaban, y llenaron incontables vasos de agua repitiendo con exactitud milimétrica el famoso número. La vida se los llevó, Tip diría que ante otras audiencias. Pero aún hoy es posible imaginarlo en su apartamento en la playa del Perelló (de Sueca) diciendo aquello tan Tip y Coll: “la próxima semana hablaremos del gobierno”.

















