Abramos las esclusas del pantano conspiranoico. Aquí tenemos a los Rothschild, dinastía familiar, banquera y financiera judeoalemana que ha llegado a operar desde sus ‘sedes’ en París, Frankfurt, Londres, Nápoles o Viena en mil y un negocios europeos. Qué bien, nos dicen, les vinieron, como a otras sagas capitalistas, los bonos de unas guerras que son gasolina para sus arcas.
Bueno, esto último se coló por la rendija conspiranoide, con su fondo verídico desde la diferencia entre sacar provecho de una situación o provocarla directamente. Lo último enlaza con los famosos ‘Protocolos de Sion’ (1903) sobre la dominación semita del mundo, documento en realidad falso preparado por el gobierno zarista, y lo primero justifica la intervención de los Rothschild en la hoy Comunitat Valenciana.
Asumieron, en esta historia, el papel de inversores, de banqueros
Apuestas banqueras
Quitémonos las conspiraciones señalando que redactaron los famosos ‘Protocolos’ para justificar, desde el estado zarista, el porqué de los pogromos o linchamientos contra los judíos, a los que se señalaría como responsables del hambre de la población rusa (no, claro, a la mala política gubernamental), convirtiéndolos en chivos expiatorios, lo que permitía a los zares expoliar sus bienes.
Pero los Rothschild fueron, en esta historia, inversores (lo de las sociedades de capital-riesgo de hoy, especulación a futuribles), a través de su corporación empresarial, principalmente aquí como banqueros. De esta forma, la dinastía económica, fundada en cierta manera por Mayer Amschel Rothschild (1744-1812), conseguía que su familia, o al menos las entidades prestamistas subsiguientes, se convirtiera en la banca oficial u oficiosa de los gobiernos europeos.
Tres etapas en España
Centrémonos: uno de los grandes envites de los Rothschild en España, aparte de las minas de mercurio en Almadén (Ciudad Real), núcleo de su control del comercio mundial de este metal pesado, y las de cobre, oro y plata de Riotinto (Huelva), que pasarían a manos británicas, fue la línea Madrid-Zaragoza-Alicante (MZA, 1956), donde efectuaron una gran inversión económica, dándoles control financiero y estratégico de la operación.
Realmente, lo que buscaban, y lograron, es convertirse en los banqueros, los prestamistas oficiales, del gobierno español, fuera cual fuese este. Así, si tenemos en cuenta lo señalado por Miguel Ángel López en ‘La casa Rothschild en España (1812-1941)’ (2005), su actuación por estas tierras abarcaba desde los primeros tanteos entre 1812 a 1833, con etapa plena entre 1835 y 1931, al posterior declive, hasta abandonar en 1941.
Sucesión de gobiernos
Francisco Franco (1892-1975) ya tenía a su propio banquero en la figura de Juan March (1880-1962). Eso sí, sería solo uno de los estadistas, porque los Rothschild también participaron en el gobierno de Isabel II, la ‘reina castiza’ o ‘la de los tristes destinos’ (1830-1904), entre 1833 y 1839. Luego, con el sexenio democrático (1868-1874) y la restauración borbónica (1874-1931).
Siguieron la segunda república (1931-1936), la Guerra Civil (1936-1939) y el franquismo, que perduraría oficialmente hasta 1975. Pero si solo se implicaron en la hoy Comunitat Valenciana con la MZA, ¿cómo pudieron influir en toda la región? Por sus rivales. En realidad, la sociedad solo era un paso más, como señalaba Jordi Nadal (1929-2020) en su libro ‘El fracaso de la Revolución industrial en España, 1814-1913’ (1988 a partir de la edición original de 1975).
La intención de crear monopolios tropezaba con una atomización económica
Rivales con iniciativa
Construir una línea ferroviaria entre Madrid y Alicante no tenía más interés para los Rothschild que la de dotar a la capital estatal de buen puerto, para apuntalar su poder allí. Dinamizaron indirectamente (cobraban regalías por cada tonelada movida por tren, así que había que prestar) la economía de la Comunitat, desde Alicante. Pero su intención de crear monopolios o similares tropezaba con la atomización económica de aquí.
Terreno abierto para la llegada de rivales dispuestos a escarbar en los resquicios que dejaban los Rothschild. Así, la corporación francesa Pereire, levantada por los hermanos Émile (1800-1875) e Isaac Pereire (1806-1880), quienes habían trabajado para los Rothschild, invertiría en el ferrocarril Almansa-València-Tarragona (AVT, 1863), con unos supuestos mucho más globalistas. Así, a través de la Société Générale du Crédit Mobilier, impulsaron notablemente al ‘cap i casal’.
Habían trabajado para ellos los Pereire, impulsores de la línea AVT
Nacionalización ferroviaria
Fue bastante el legado de los Pereire. Resumamos señalando la transformación del puerto de València, y desde este y la AVT el impulso al comercio de la agricultura local, especialmente el arroz y los cítricos. O añadamos el desarrollo urbano que se daría en torno a la estación del Norte, reinaugurada, con nueva construcción (la actual), en 1917 a partir del edificio de 1852.
Resultaba la primera insuficiente para el volumen de negocio que canalizaría la AVT. No obstante, ambas líneas, la AVT y la MZA, quedaban integradas en el Estado en 1941, con la creación de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (Renfe), que en 2005 se sustituía, bajo la presidencia estatal de José Luis Rodríguez Zapatero, por el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). Los Rothschild quedaban ya muy atrás.

















