Entrevista a Carlos Domingo / Hostelero (València, 7-noviembre-1963)
Siempre lo verás con su camisa blanca asomando sobre chaleco marrón claro. La estampa de Carlos Domingo recorriendo los rincones del Bar Canadá encarna historia viva de la ciudad. Su padre cogió el local a mediados del siglo pasado y desde hace décadas él capitanea, en el corazón de la avenida Reino de València, uno de los bares decanos de la ciudad.
Conversamos con este hostelero tan amigo de AQUÍ Medios de Comunicación, pues una parada en la pulida barra metálica del Bar Canadá permite conocer la evolución, a través de la cultura de bar, de los cambios sociales y económicos que ha vivido València.
¿Cuándo nace el Bar Canadá?
Mi padre lo coge en mayo de 1966, pero el bar estaba operativo desde 1950. Mi padre había trabajado en el San Remo, en El Gorila… y decidió coger El Canadá con otro socio. Pero al año ya lo llevaba él solo.
«Era niño cuando mi padre se quedó el Bar Canadá; con 10 o 12 años me puso a vender buñuelos»
¿En qué momento entras a trabajar?
Tenía muy pocos años cuando mi padre se queda El Canadá. Con 10 o 12 años ya me ponía a vender buñuelos en Fallas. Luego ya pasábamos a la cafetera. Todos mis hermanos y yo. Con el tiempo mis hermanos se dedicaron a otra cosa; la banca…
¿El Bar Canadá ha sido tu única experiencia hostelera?
¡Qué va! Tuve un pub en la zona de Juan Llorens, cuando en la década de los noventa estaba muy de moda esa zona de ocio en la ciudad: El Joker. Lo traspasé en el 96, ahora hace treinta años de eso. Tenía más pelo (risas). Éramos tres socios pero la cosa acabó mal entre nosotros.
¿Y lo compaginabas?
Sí, sí. He tenido épocas muy duras de cerrar la persiana en El Canadá e irme allí a seguir trabajando. Ahora lo pienso y qué locura… hasta las tres y media o las cuatro de la madrugada. Luego mi padre cayó enfermo; le dio un ictus al pobre… vino a mi boda en el 97 ya fastidiado y entonces me hice cargo yo de El Canadá por completo.
¿Cuándo fue aquello?
En el año 2000 una promotora se quedó toda la finca. La mejor planta baja que había era la de El Canadá. Me pedían mucho dinero por ella para poder quedármela. Unos cuarenta millones de pesetas o así.
Ya tenía una hija… en fin, negociamos y me la quedé por unos treinta. Y lo pagué como pude. Mi padre aún estaba de titular y en ese momento cambié los papeles y lo puse todo a mi nombre.
La pandemia tumbó muchísimos bares en València. ¿Cómo soportó el Bar Canadá esa época?
Tenía una hipoteca a veinte años que pedí cuando me quedé en propiedad el bar. Justo llegó la pandemia cuando terminaba de pagarla… ¡Menos mal! No hubiera podido pagarla porque todo el mundo tuvo que cerrar. Sin ingresos pero con los pagos igual…. ¡Imagínate!
Quedan pocos bares de toda la vida en València.
La Federación de Hostelería me dio una placa a los cuarenta años… pero no la pongo porque a mi hija no le gusta colocar reconocimientos así. Somos pocos, sí; está la Carmela, El Kiosco en La Alameda…
El Congo también es muy antiguo, aunque antes estaba en Reina Doña Germana. La Oficina también… algunos aguantamos, sí, pero es verdad que no todos han estado siempre en las mismas manos.
¿Cómo calificas tu bar?
Mucha gente me dice que se alegra de poder entrar en un ‘bar normal’. Hoy en día montan muchas cosas por València diferentes. Innovar está bien… pero la gente se está cansando ya. Al final buscan lo típico… que parece que es lo que escasea.
Cada vez más la gente se alegra cuando descubre un bar de toda la vida. Con servicio en barra. Si te fijas, barra ya hay poca. Aunque tengas una muy buena, no la quieren utilizar. La dejan aislada cuando el servicio en barra es muy español.
¿Habrá nuevo cambio generacional en el Bar Canadá?
No lo sé. Eso depende de mi hija. Yo trabajaré hasta que el cuerpo aguante.
¿Notas que han cambiado los horarios… en fin, las costumbres en general de quien acude al bar?
Trato de cerrar pronto. Antes alargaba. Pero las multas te caen enseguida a poco que te descuidas. Y luego tampoco compensa por dos copas o dos cervezas alargar. También la gente llega antes a los bares.
«El trabajo es sacrificio. Si no estás, no vendes, no te van a meter los billetes por debajo de la puerta»
Mucho bar y restaurante que abre y al año cierra. Dificultades para encontrar cocineros, camareros… ¿qué está pasando?
Esto es muy sacrificado. Si no estás, no vendes, no te van a meter los billetes por debajo de la puerta. Si quieres ganar dinero tienes que echar horas. Mi padre ha estado cuarenta años abriendo los domingos.
El problema de los cocineros lo padecen mucho los restaurantes, es cierto. Yo, como bar, menos. Camareros hay, a mí me dejan currículos casi todos los días… pero no toda la gente tiene capacidad de sacrificio.
Creo que está bien pagado, pero cuando entrevistas a la gente enseguida se ve si quieren trabajar o se han equivocado de sector.
«Cuando entrevisto a camareros enseguida veo si quieren trabajar o se han equivocado de sector»

















