Primero se instalaban fábricas en la periferia, que transformaban la producción artesanal en lo que los historiadores denominan la maquinofactura. Esto producía la llegada de más personas, tanto para las fábricas como para las materias primas. Y para que toda esta fuerza humana laboral, con sus respectivas familias (en muchos casos también trabajadores activos), pudiera vivir, se creaban los barrios obreros.
Al principio, antes que construir, se trataba de modificar las antiguas barriadas artesanales y agrícolas, que en algunos casos no perderían, o no del todo, un tono de isla rural. O pescadora. Después, nuevos barrios obreros. Como en la mayor parte de las ciudades occidentales desde finales del XIX y especialmente a partir del XX, a València le sobrevino la llamada Segunda Revolución Industrial.
Acorazados modernos
Esta segunda entrega (o tercera, según la opinión de algunos expertos que atribuyen a parte de la Edad Media, siglos V al XV, una primera efervescencia maquinista) de la Revolución Industrial comenzaba, para los historiadores, en la década de 1870. Como todas las dataciones, esto tiene su parte arbitraria: fue la época en que se construyeron los primeros acorazados modernos.
Forjar estos buques de guerra, a partir de los acorazados de hierro de la anterior década, suponía un paso de gigante en la ingeniería y en las infraestructuras técnicas y humanas necesarias para ello. Como curiosidad, la fecha dada para su finiquitación, la de esta Segunda Revolución, es la de 1914, el comienzo de la Primera Guerra Mundial, que duró hasta 1918.
Había materias primas, por huerta, humedales (la Albufera), tierras y mar
Los asalariados se unen
València, pues, iba a industrializarse a partir de estos supuestos. Tenía materias primas, por huerta, humedales (la Albufera), tierras y mar. Incluso contaba con astilleros, talleres artesanales familiares que iban a convertirse en más o menos grandes conglomerados. Como los pioneros Talleres Gómez, nacidos en 1878 y trasladados en 1906 al muelle de Poniente, aunque desmantelados con la Guerra Civil (1936-1939).
Urbanamente, los pasos iban a ser los habituales, y el primero iba a ser la conversión de las barriadas manufactureras. Que esto sucedió aparece bien registrado, ya que esta época contaría con la aparición de los primeros sindicatos, de las asociaciones obreras. Así, el quinto congreso de la Unión General de Trabajadores (UGT, fundada en 1888) tuvo lugar en València, en 1896.
El quinto congreso de la UGT tuvo lugar en València, en 1896
Blasco Ibáñez en liza
Una ciudad que había visto nacer, a finales del XIX, la corriente política urbana del blasquismo. Pese a su origen burgués, afín al proletariado (de ‘proletarius’, la clase libre más baja en la Roma clásica: aquellos cuyos únicos bienes eran su ‘prōlēs’, prole, linaje o descendencia). La promovía, claro, el escritor y político Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928). Y estaba destinada a triunfar en barrios como Russafa (inicialmente municipio independiente hasta 1877).
También los llamados Poblados Marítimos, fagocitados por el ‘cap i casal’. Tal cual El Cabanyal-El Canyamelar, inicialmente dos núcleos separados, que aportaban población pescadora pero también, hasta mediados del XVIII, manufactura de la caña de azúcar (‘canyamel’, caña de miel). O la playera Malva-rosa (llamada así por la malva real, ‘Alcea rosea’), de orígenes muy semejantes a la anterior barriada.
Agrícolas también
O, entre los Poblados del Norte, el agrícola Benicalap, núcleo urbano que fue pedanía de València ciudad hasta que esta lo absorbió convirtiéndolo en barriada desde 1979. Hoy, como los anteriores, ha cambiado mucho su imagen. Este último, por ejemplo, acoge al futuro Nuevo Mestalla, pero formaban parte de esa especie de anillo de Saturno, de ánima proletaria, que orbitaba el ‘cap i casal’.
Algo que no fue óbice para la creación desde cero de más barrios de este tipo, como el paradigmático Barrio Obrero Ramón de Castro, con primera siembra constructora hacia 1906. Es el único que, de esta digamos ‘segunda oleada’ de este tipo de distritos, los edificados a propósito, se conserva hoy. A su vez, aún pueden verse 18 de las 34 viviendas, de piedra y ladrillo con azulejos en el interior.
Abundan ejemplos como Torrefiel, que amparó a víctimas de la riada de 1957
Clase media trabajadora
Fue declarado Bien de Relevancia Local en 2015, y era uno de los que preparaba, aquí desde el suroeste, pero siempre desde los arrabales, para la llegada de una tercera oleada de barrios obreros, debido a una expansión industrial entre 1920 y 1960 un tanto guadianesca: hay una dictadura, la república, una Guerra Civil y otra dictadura desde la que se lanza un a la postre exitoso plan conocido como Desarrollismo, a finales de los cincuenta.
Se creaba una clase media proletaria que, firmando letras (recibos de pago fraccionado), precisaba de vivienda. De esta manera, abundan ejemplos como Torrefiel, de 1920 y que también amparó a víctimas de la gran riada de 1957. Ironías de la vida, hoy algunos de ellos se han convertido, curiosamente por necesidades de expansión urbana, en zonas incluso de lujo. Otros conservan su cariz inicial. Todos explican físicamente el desarrollo industrial de la ciudad.

















