Entrevista a Facundo Gauna, músico y cantautor
Hace justo veintiún años el uruguayo Jorge Drexler recogía un merecido Oscar a la Mejor Canción por ‘Al otro lado del río’, tema perteneciente a la película ‘Diarios de motocicleta’ (2004), magnífico relato de un joven Ernesto Che Guevara.
Su forma de agradecer el premio -cantando el estribillo, después que no le dejaran actuar durante la ceremonia- y muchas de sus letras han inspirado a miles de artistas, incluso a los más noveles. Lo hizo profundamente en Facundo Gauna (Elche, 8-mayo-2002), músico y cantautor.
Otros muchos le marcaron, entre ellos dos Pablos (López y Alborán), además de su propio padre, al que tantas tardes le observó de pequeño tocar la guitarra, “siempre de un modo amateur”. Aunque ahora sobresale como pianista, sus primeros pasos fueron con el saxofón.
¿Cómo recuerdas tus inicios en la música?
Nadie de mi familia se dedicaba profesionalmente, es algo que nació en mí. Mi madre cuenta que en una fiesta con karaoke me subí al escenario a cantar y animar al público, pese a mis escasos cuatro años.
¿No tuviste lo que se llama miedo escénico?
Apenas lo recuerdo, pero creo no. Sigo sin sufrirlo; soy introvertido para expresarme con la palabra, timidez que desaparece en el instante que actúo. Antes de salir obviamente sí siento ciertos nervios, adrenalina, ganas de brindarle al público lo que se merece.
«Antes de actuar obviamente sí siento ciertos nervios, adrenalina, ganas de brindarle al público lo que se merece»
¿Un profesor interino te descubrió?
Así es, Cristian, maestro de música, al que tuvimos unos meses. Quizás por eso desconozco el apellido, pues tampoco le volví a ver; les indicó a mis padres que debían matricularme en el conservatorio.
¿Recuerdas quiénes eran tus ídolos entonces?
Al principio en casa escuchaba mucho a ‘Maná’, Luis Miguel o Luis Fonsi, sin tener todavía un gusto musical definido. Después conocí el talento de Jorge Drexler, Pablo Alborán, Pablo López…
Te iniciaste con el saxofón. ¿Por qué?
Sinceramente deseaba el piano, pero cuando me tocó elegir ya no quedaban. Opté ¡por ese que brilla!, sin saber qué era un saxofón. Posiblemente me llamó la atención que fuera el instrumento de Lisa Simpson (ríe).
¿Cuánto tardaste en hacértelo tuyo?
Empecé a disfrutar de él enseguida, porque me fascinaba hasta la flauta del colegio, era mi modo de expresarme. Al principio fue más un reto intelectual, deseaba tocarlo bien.
El saxofón se caracteriza por su facilidad de uso, no precisas de mucho nivel para dominarlo; a diferencia de otros, como el fagot. También puede cambiar de timbre, lo que le hace ser moldeable a diferentes estilos.
¿Realmente es un instrumento erótico?
Diría que sí, pese a que jamás me sirvió para ligar (ríe). Se trata de un instrumento que se asemeja -su timbre- a la voz humana; tiene, por lo tanto, ese componente que suena familiar, con capacidad para malear al gusto.
¿Cómo continuó tu evolución?
Terminé en el conservatorio con el saxofón, pero en tercero de Profesional me ‘obligaron’ a tocar un instrumento polifónico, el piano. ¡Por fin se cruzaba en mi camino!, tras probar componer con la guitarra.
Ahora sí contaba con un instrumento que me acompañaba del modo que quería. Anhelaba cantar, pero no podía hacerlo, me faltaba el piano.
«Durante tercero de Profesional me ‘obligaron’ a hacer piano, ¡por fin se cruzaba en mi vida ese instrumento!»
¿Tanta era tu emoción?
Compré mi primer piano, sumamente emocionado y ansioso por aprender; comencé de inmediato a ver vídeos en YouTube, para saber dónde estaban las notas. Toqué acordes y algunas canciones, como ‘Estrellita, ¿dónde estás?’ y ‘Cumpleaños feliz’.
Al segundo día ya compusiste…
Me levanté temprano, lleno nuevamente de ilusión. Compuse la canción ‘Una reliquia’, costándome sobre todo titularla; es un aspecto que me suele pasar. Cantar, tocar o componer surge de una forma mucho más natural.
¿La composición es para ti una especie de refugio?
Como señalaba, hablar es mucho más dificultoso -no me es fácil, en ocasiones, abrirme a otras personas-; eso no acontece cuando me comunico a través de la música, pues el piano no me juzga, es más, me entiende.
Háblanos de tu método de trabajo.
Siempre es según la canción. Debido a mi mala memoria necesito apuntármelo todo, ya sea mediante un WhatsApp a mí mismo o las notas del móvil. Están repletos de canciones o ideas que se me van ocurriendo; luego intento emplearlo como método inspirativo.
Siendo tan autodidacta, ¿en qué te inspiras?
En mi propia vida, pero también en otros momentos. De hecho, esos han sido los periodos más fructíferos. Soy asimismo bastante fanático de la auto ficción, porque mi existencia tampoco es tan dramática (ríe); tomo una historia mía para reinventarla, agregando aspectos nuevos.
Debes ser una persona muy imaginativa.
Desde pequeño, me apasionaba leer, crear historias e improvisar canciones. Mi libro favorito era ‘Fenris, el elfo’, de Laura Gallego.
¿Guardas una anécdota relacionada?
Una vez escuché una entrevista que le hicieron a Santi Balmes, de ‘Love of Lesbian’. Le preguntaban cómo elegía la palabra perfecta para una canción, respondiendo que lo realmente importante es el contexto que la engloba. Incluso la palabra ‘asfalto’ puede resultar preciosa.
Cerré el ordenador dispuesto a componer una canción con ese concepto; el resultado fue ‘Rodillas quemadas’, el relato de un chico que le canta a su enamorada mientras sus rodillas están raspando contra el asfalto.
Ya en València estudiaste Sonología.
La ciencia del sonido aplicada a las nuevas tecnologías y la creación artística. Es el uso, por ejemplo, de un ordenador como elemento musical, crear sonidos desde cero; se aplica en música experimental, contemporánea, otra de mis pasiones.
«En València estudié Sonología, la ciencia del sonido aplicada a las nuevas tecnologías y la creación artística»
¿Entiendes la música desde su núcleo?
Me permite definir un estilo propio. Mientras en el conservatorio supe la historia de la música y cómo funciona una obra, por medio de notas, en Sonología -disciplina que finalicé en 2025- he aprendido a apreciar una música más abstracta.
¿Cuáles son tus trabajos más representativos?
Estoy especialmente orgulloso del presentado a final de mi carrera, un concierto que fusionaba mis canciones con el estilo y la estética de la música contemporánea. Es la línea que quisiera proseguir en un futuro, mezclar mi esencia de cantautor con la música experimental.
Sin olvidarnos de ‘Lago de Malta’.
Un grupo que creamos entre varios compañeros de València, todos cantautores. Fue, podríamos decirlo así, una excusa para poder tocar y cantar juntos.
¿En qué estás focalizado ahora?
En la creación de un estudio de producción musical que me permita trabajar en un disco conceptual. Anhelo escribir mi primer trabajo serio, bajo las pautas que marcaba anteriormente.
Sopeso cómo luego plasmarlo en directo, persigo elaborar un disco que me dé la libertad de expresarme frente al público.
La magia del directo.
Mi profesor de saxofón, Alejandro Suárez, se molestaba muchísimo porque en los ensayos no brillaba especialmente, me reservaba para los directos. Si en clase tocaba para un siete, en las audiciones sacaba sobresalientes (ríe).
Un ejemplo fue mi actuación en el Certamen Nacional de Cantautores 2024, celebrado en mi ciudad, Elche, donde obtuve el Premio del Público. En 2025 no tuve tanta suerte.
Volviste a brillar en nuestra gala, ¿cómo la recuerdas?
‘AQUÍ y Únicos’ fue un evento magnífico, donde me sentí extremadamente bien tratado, circunstancia que no siempre sucede. El público estaba entregado, se notaba que estaba disfrutando muchísimo. Quedé muy satisfecho de mi actuación.
«‘AQUÍ y Únicos’ fue un evento magnífico, donde me sentí extremadamente bien tratado. El público estaba entregado, se notaba que estaba disfrutando muchísimo»
¿Qué canción interpretaste?
La preciosa ‘Km. 0’, de Pablo Alborán, con una pequeña modificación que me solicitó vuestro director, Ángel Fernández. La gocé sobremanera, pese a los nervios, también porque tocaba un tema que no es mío.
Para terminar, ¿también compones para otros?
Me fascina, escribir para otros artistas, cantar con ellos. Deseo extender mi trayectoria igualmente por ese camino, ayudar a los proyectos de los demás.
Tengo clarísimo que quiero dedicarme a la música, a pesar de las dificultades evidentes. Puede sonar un poco romántico, pero es mi deseo.

















