Entrevista a Andrés Colomina Bernabéu / Músico
¿Diríamos que la música es puro talento? Muchos consideran que sí, no el director de bandas Andrés Colomina Bernabéu (Alicante, 11-diciembre-1973), a quien sus cuatro décadas de experiencia le permiten afirmar que “más determinante es el trabajo, el sacrificio, el amor por esta disciplina”.
Comenzó muy pronto en este arte, antes de cumplir los diez años, inicialmente con la trompa -casi por casualidad-, pasando poco después a la tuba, instrumento que no le acababa de agradar por su tamaño, demasiado voluminoso.
Pero se acabó enamorando de su herramienta, “de su singular sonido”. Apasionado de la música, de forma orgánica se hizo director; han sido muchas las bandas que ha comandado -entre otras, Altea La Vella e Ibi-, así como los conciertos que ha dirigido, unos trescientos calcula.
Háblanos de tus inicios musicales.
Desde pequeño mostré una gran afinidad hacia la música, me pasaba el día cantando, cualquier canción que sonaba en televisión. Fueron mis padres los que decidieron apuntarme al conservatorio, para realizar una actividad extraescolar.
Es cierto que mi abuelo (Pepe Bernabéu) fue músico de la Alianza de Mutxamel; asimismo, mis padres, grandes aficionados, siguen perteneciendo a un grupo de coros y danzas de Alicante, y mi hermana -Begoña Colomina- es también profesional de la música.
¿Por qué escogiste la trompa?
Antes del conservatorio mi madre quiso que pasara por la banda de mi barrio, Carolinas, sobre todo para que escogiera instrumento. Allí me dieron la trompa, simplemente porque nadie la tocaba.
No tardaste en cambiar…
Matriculado en el conservatorio con la trompa, no me acababa de agradar. Poco después el tuba marchó, pues por cuestiones laborales -era guardia civil- le destinaron a otra ciudad.
Debido a mi alta envergadura, el director me instó que debía tomar su relevo, algo a lo que me negaba, al tratarse de un instrumento tan voluminoso.
¿Cuándo te enamoraste de la tuba?
¡Nada más tenerla en mis manos! Me gustó muchísimo y pronto me hice con ella. Sin embargo, en un periodo de indecisiones, dejé el conservatorio, aunque durante el servicio militar me lo pensé mejor. Regresé con más ímpetu, en Mutxamel y después Benidorm.
¿Hasta qué punto es especial la tuba?
Es el instrumento de viento metal más grande, capaz de emitir un sonido profundo, grave, aquel que en definitiva marca el ritmo de una banda, su armonía.
«Mi instrumento emite un sonido profundo, grave, aquel que en definitiva marca el ritmo de una banda»
Para ti, ¿la música qué es?
Como decía Platón, es una medicina para el alma. Junto a mi familia, es el motor de mi vida; he luchado muchísimo por ella, me apasiona y sigo haciéndolo, de hecho. Mi debut con la banda de Carolinas se remonta a 1987, ¡ha llovido! (ríe).
«En 1998 creé una banda juvenil, la Sociedad Cultural Deportiva (SCD) Carolinas, la primera que dirigí»
¿Básicos en tu evolución fueron Jordi Peiró y Agustín Sáez Salvador?
Sin duda. Jordi es un profesor que conocí en el Conservatorio de Mutxamel, una vez retomé mis estudios musicales. Me motivó tanto que le seguí hasta Benidorm, donde también impartía clases; iba hasta la ciudad de los rascacielos en el trenet, el actual tram, cargado con la tuba.
Agustín, por su parte, es el tuba solista de la Banda Municipal de Alicante. Durante años fue mi profesor particular, mi mentor; sin miedo a equivocarme, es con quien más he aprendido, me enseñó a valorar el instrumento.
¿Era el momento de ser director de banda?
Se trata de un aspecto que siempre me ha fascinado. Recuerdo un concierto al que asistí de niño, sin haber todavía estudiado música; me puse detrás del director, imitándole, y eran varias las señoras que decían “¡los mueve bien!” Pienso que estaba dentro de mí.
Años más tarde, en 1998, creé una banda juvenil, la Sociedad Cultural Deportiva (SCD) Carolinas.
¿Clave en tu posterior devenir fue José Rafael Pascual-Vilaplana?
Por supuesto, el actual director de la Banda Municipal de Barcelona, con quien estudié tres cursos, fundamental en mi futura faceta como director. Quisiera destacar de igual modo al italiano Giampaolo Lazzeri, quien me impresionó mucho en la dirección.
Poco después, en 2003, pasó una anécdota sumamente curiosa, gracias a la que entonces era mi novia, Cristina Payà Hernández, hoy mi mujer.
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Colgó mi currículo en la página de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana. En aquel momento la de Altea La Vella buscaba director, que fuera alguien joven, a ser posible, y me contactaron, tras recibir referencias de antiguos compañeros míos.
Fue mi primera experiencia como director, paso previo a liderar la de Ibi, L’Harmonia Societat Musical d’Alacant -fundada en 2005- y Torrellano, mi banda desde julio de 2023.
¿Qué fue ‘Lloixa’?
Un grupo de metales que montamos cinco músicos, tres de Sant Joan, uno de El Campello y yo. Nació en 2000 y duramos cerca de una década, realizando un sinfín de actuaciones, en bodas o comuniones principalmente.
«‘Lloixa’ fue un grupo de metales que fundamos cinco músicos, realizando numerosas actuaciones durante una década»
¿Cuál piensas que es tu filosofía musical?
Creo mucho en el esfuerzo, en el trabajo y la constancia, pues Mozart o Beethoven hubo solo uno… Debe haber un respeto por el músico, motivar a los demás.
«Creo mucho en el esfuerzo, en el trabajo y la constancia, pues Mozart o Beethoven hubo solo uno…»
En este sentido, ¿eres un profesor exigente?
Muchas veces observamos la música en secundaria como una asignatura ‘maría’. No obstante, a mis alumnos intento inculcarles sobre todo cultura musical, más que enseñarles música; que conozcan la base, de dónde procede…
«A mis alumnos de secundaria intento inculcarles sobre todo cultura musical, más que enseñarles música»
¿Sigues esa misma línea como director de banda?
Depende la propia formación de la institución, pues he dirigido de diferentes niveles. Importa asimismo el momento, si estamos preparando una cita importante; los ensayos ahí son mucho más intensos, profundizando más en la obra.
Ya en la misma banda, no a todos los músicos puedes tratarles o exigirles lo mismo, es básico ser empático, saber sus limitaciones.
¿Percibes cuando alguien es especial?
¡Eso se ve!, en su actitud hacia el instrumento, su amor por la música… Pero ese talento es el 20% como máximo, el resto está en el día a día, la constancia, el trabajo.
Picasso ya hablaba de eso, que la inspiración me pille trabajando.
Uno de mis referentes es Daniel Barenboim, músico de origen argentino. Pianista y director de orquesta, conocidísimo, ha escrito varios libros al respecto. Remarca que el músico nace, no se hace, afirmación que me sorprendió, porque no estoy de acuerdo.
¿Encuentras dificultades en la dirección de banda?
Lo primero es conocer el grupo, para saber gestionarlo y qué puede funcionar. En Ibi o Altea La Vella no tenía la misma actitud que muestro ahora en Torrellano.
Me gusta ser empático con ellos, evitar ese narcisismo que lleva intrínseco la figura del director. Intento ser justo, también en el repertorio -que programo anualmente-, aunque hay situaciones en las que no tengo más remedio, debo escoger.
¿Algún concierto te marcó especialmente?
Recuerdo con mucho cariño uno de 2018, año que actuamos con la banda de Altea La Vella en el Palau de la Música de València. Fue en el Certamen Internacional, representando el punto álgido de la entidad; no conseguimos ningún premio, pero nuestra interpretación fue soberbia.
Igualmente, la que ofrecimos el 7 de marzo de 2020, una semana antes de confinamiento, como director invitado de La Nucía. No volví a dirigir en meses, se me hizo eterno.
También participasteis en nuestra gala ‘Aquí y Únicos’.
Con la Unión Musical de Torrellano dimos el pistoletazo de salida a un evento espectacular, que tuvimos asimismo la suerte de cerrar. Brindamos una actuación más que digna.
«Con la UM de Torrellano tuve el honor de dar el pistoletazo de salida en vuestra gala, ‘Aquí y Únicos’, un evento espectacular»
Más allá de la UM de Torrellano, ¿en qué estás focalizado?
Doy clases en el colegio San Juan y San Pablo de Ibi y desde hace dos años en el Conservatorio de Xàtiva (València).
Nuestra banda, la UM Torrellano, se fundó en 2009 y cuenta actualmente con unos cuarenta componentes. Somos como una familia y me siento enormemente valorado. Destacaría el concierto que dimos el pasado año en el ADDA de Alicante.
Para acabar, ¿tú mayor desafío musical está por llegar?
Siempre, no podemos caer en la complacencia; sigo con la máxima ilusión, por ejemplo, hacer que crezca el nivel de nuestra banda.

















