Entrevista > Sara-Ney Gómez Tarí / Artista (Santa Pola, 2-agosto-1998)
La santapolera Sara-Ney Gómez Tarí se considera una artista polivalente, pues, aunque le gusta expresarse principalmente a través de la pintura, el óleo, “también soy capaz de hacer murales -por encargos-, me agrada la ilustración e incluso tatúo”.
Su obra ‘Lo que el dolor calla’ fue galardonada en el XIII Certamen de Pintura contra la Violencia de Género ‘No al Silencio’ de La Nucía. Su objetivo estaba claro, igualar ambos sexos, “apreciar una mujer que lucha, que no se queda callada”.
“Me presenté sin expectativas, satisfecha de una obra que me representaba y de la que me sentía sumamente orgullosa”, remarca, antes de apuntar que “muchas veces importa poco ganar, es más relevante ser firme en tus creencias”.
¿Te hiciste artista por alguna razón?
De pequeña en realidad anhelaba ser arquitecta, como mi padre, al crecer entre maquetas y ver su evolución. Pero estaba ese fuerte deseo de dibujar y pintar, técnicas que aprendí junto a mi abuelo.
La decisión estaba clara.
Cursé el bachiller artístico, paso previo a hacer Bellas Artes en la Universidad Miguel Hernández de Altea. Finalicé el año de la pandemia, apenas pudimos celebrarlo, y las sensaciones fueron realmente extrañas.
Además, considero que en la universidad no nos acabaron de preparar para lo que nos vendría después, las dificultades que nos íbamos a encontrar.
«No quería victimizar la figura de la mujer, sino empoderarla; que mostrara lucha, rebeldía, no callar»
¿Tu estilo es igualmente cambiante?
Va variando, pero me apasiona mezclar el realismo con aspectos más abstractos, sin olvidarme de lo figurativo. Entre mis principales referentes, el cordobés Gabriel Moreno, que empezó siendo publicista y ahora pinta, lleva a cabo grafitis…
Una realidad actual es que hay tantos artistas, desarrollando un sinfín de trabajos… Es imposible consumirlo todo, te sobrecargas de imágenes e impulsos en el teléfono.
En ese sentido, ¿la metodología depende de tu inspiración?
Muchos artistas prefieren trabajar, que la inspiración les llegue así. Mi opción es contraria, pues si no me siento inspirada únicamente daré vueltas sentada. Siento, de hecho, que retrocedo en lugar de avanzar.
Si estoy en las últimas fechas de entrega entonces ya no hay excusas. Debe salir la obra sí o sí, me obligo.
¿Es bueno ponerte fechas?
Sin duda, los concursos nos ayudan en parte a no parar de crear. A veces, estancada, pienso ¿estoy haciendo un cuadro o la Capilla Sixtina? Necesitamos plazos para que nuestro cerebro se active.
«Me involucré en la confección de la obra y después, al empatizar con el resto de las compañeras, fue muy emotivo»
¿Cuáles son tus obras más relevantes?
‘Silencio impuesto’, que presenté en el concurso de La Nucía 2024. Intenté darle un punto de vista algo más agresivo, con un arte similar al callejero -más gamberro-, pero no se acabó de entender, como me indicó el jurado.
De igual modo, en 2023 gané un segundo premio en un certamen celebrado en Elche con ‘XOXO’, símbolos de besos y abrazos en inglés.
¿Vives ahora de tu arte?
Deseo pensar que sí, aunque es sumamente complicado y en ocasiones debo dedicarme a otras facetas. Es una pena.
Has vuelto a vencer con ‘Lo que el dolor calla’.
Sí, premiado en el certamen nuciero. Al no haberse entendido mi propuesta del pasado año quise mostrar una obra mucho más evidente y sencilla de entender, pues el mío es un arte que hace pensar.
Con el reto de evitar segundas interpretaciones creé esta obra para todos los públicos, de fácil consumo y que fuera la imagen del evento.
¿La acogida fue buena?
Excelente. Es más, a la hora de recoger el premio se sorprendían de que hubiera participado el año anterior, con una obra tan diferente. El arte, en el fondo, es tan subjetivo, lo que le gusta a uno no tiene por qué agradarle a otro.
«Los artistas son como un club privado en el que es muy complicado acceder, solo lo hacen los experimentados»
¿Qué deseabas evidenciar en esta obra?
No quería victimizar la figura de la mujer, sino empoderarla, que mostrara lucha, rebeldía, de no callar. Partí entonces la imagen en dos: en una transmitía dolor y en la otra, todo lo contrario, rompiendo un espejo con un grito.
Me involucré en la confección de la obra y después al empatizar con el resto de las compañeras, fue muy emotivo. Supe el tipo de violencia que habían sufrido, sus relaciones.
¿Sientes que seguimos teniendo una sociedad machista?
Continuamos apreciando actitudes machistas, algunas muy visibles y otras más sutiles. Mi obra para ‘No al silencio’ nace precisamente de esa reflexión, la necesidad de seguir señalando estas realidades y de no guardar silencio ante ella. El arte es para mí una forma de visibilizar lo que todavía queda por cambiar.
¿La solución está en la educación?
Creo firmemente en ello. Es desde ahí -cómo aprendemos a relacionarnos, respetarnos y ver al otro- podemos transformar de verdad esas actitudes. Educar en igualdad es la base para que, con el tiempo, no tengamos que seguir alzando la voz.





















