El Hogar Provincial representa el súmmum del altruismo en nuestro territorio, combinando solidaridad y la capacidad asistencial bajo el amparo de las instituciones públicas. Si bien su fundación es relativa, su nacimiento parte del germen de entidades ancestrales como los Hospitales de Caridad y las Casas de Beneficencia.
Hospitales de caridad
Su origen se remonta a la Edad Media, constituyendo la primera forma organizada de asistencia sanitaria pública. En su mayoría estuvieron ligados a la Iglesia Católica, implantadas por órdenes religiosas, cofradías o donaciones misericordiosas. Su objetivo no era solo curar enfermedades, sino también asegurar un lugar de acogida y tránsito a enfermos pobres, peregrinos y desamparados.
La financiación dependía fundamentalmente de limosnas, donaciones y legados testamentarios, y en menor grado, de subsidios municipales o reales. Su fuerte dependencia económica los hacía vulnerables a las crisis. Pese a ello, a través de una logística avanzada para la época, ofrecían cama, comida y cuidados básicos, llevados a cabo por médicos y cirujanos de la ciudad.
En Alicante hubo instituciones significativas, destacando el Hospital Sueco-Noruego de Alcoy.
Desde la Edad Media se ha tenido consideración por los marginados con el Hospital de la Caridad
Casas de beneficencia
A diferencia de los hospitales de caridad, las casas de beneficencia nacieron en la Edad Moderna, coincidiendo con la Ilustración en el siglo XVIII y la concienciación social sobre el control de la pobreza. También a diferencia de los hospitales, cuya gestión fue mayoritariamente clerical, estas fueron administradas de forma laica y de carácter municipal o provincial.
Su afán no era tratar enfermos agudos, sino acoger y reformar a aquellos que eran excluidos de la sociedad y considerados dependientes permanentes. Los perfiles de acogida iban desde ancianos sin familia ni recursos, ubicados en los asilos, hasta niños abandonados, acogidos en la Inclusa y en las casas de expósitos. El objetivo final de este acogimiento era reducir la mendicidad en las ciudades.
Casa de expósitos
Uno de los grandes problemas que había en los siglos anteriores al Estado de Bienestar era el abandono infantil. Niños recién nacidos de los que los progenitores se desprendían ante situaciones económicas precarias que dificultaban su manutención. Estas secciones dependían de las Casas de Beneficencia y consistían en unos tornos o ruedas de expósitos adheridas al edificio, donde se podían introducir a los bebés para que la institución se hiciera cargo de ellos.
Los niños abandonados se contaban por centenares a lo largo del año, llegando incluso a ser trescientos en algunas provincias. Con la llegada del siglo XX, este fenómeno pasó a ser anecdótico como consecuencia de nuevos hábitos y la mejora de la calidad de vida.
Fue entre finales del siglo XIX y principios del XX cuando el Hogar Provincial empezó a funcionar
El heredero
A finales del siglo XIX y principios del XX, con el despliegue institucional y asistencial por parte de las instituciones públicas, se instauró en Alicante la herencia natural de las Casas de Caridad y de Beneficencia: el Hogar Provincial. Con el cambio del término ‘casa’ a ‘hogar’, se buscaba mantener el mismo objetivo asistencial: la asistencia social a marginados, pobres y desvalidos.
El Hogar Provincial de Alicante se encuentra ubicado en las afueras históricas de la ciudad. Con el paso de los años se ha producido una evolución estructural, condicionada y propiciada por los avances sociales y la evolución de los mecanismos asistenciales, como por ejemplo la canalización del tratamiento de los huérfanos a una política de acogida familiar o centros más pequeños.
Durante los años 80 y 90, coincidiendo con la consolidación del Estado de Bienestar, la institución reorientó su foco hacia la asistencia a la tercera edad y a personas con diversidad funcional.
Frente al envejecimiento demográfico la institución debe asumir nuevas soluciones
Las puertas de acogida
Si el edificio del Hogar Provincial se encuentra en los márgenes de la ciudad, es quizá para hacer honor a su labor de volcarse en la asistencia a los marginados. Personas olvidadas que van desde mayores dependientes, con una atención médica continua, hasta personas con discapacidad intelectual grave, a las que, mediante las unidades especializadas, se ofrecen cuidados intensivos. Además, proporcionan un tránsito apacible para los enfermos que requieren de cuidados paliativos.
La entidad se centra en el Modelo de Atención Centrado en la Persona (ACP), una filosofía que implica la individualización de los cuidados para cada uno de los usuarios. Asistencia que es realizada por médicos, psicólogos, enfermeros, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales.
Nuevos comienzos, nuevos problemas
De la misma forma que hace unos siglos los problemas de la sociedad estaban delimitados en unas características concretas, hoy en día y con el avance de los tiempos, las controversias son otras. Disyuntivas que van desde el envejecimiento de la población, el cual genera una demanda constante y exponencial de plazas residenciales.
Al igual que ocurría con los Hospitales de Caridad y las Casas de Beneficencia, persiste una profunda dependencia de la financiación pública, lo que convierte la sostenibilidad y el equilibrio de los servicios en un reto constante.


















