Entrevista > Lorenzo Donvito / Miembro directivo del Festival ‘MUV!’ (Florencia, Italia)
Este febrero, los Poblados Marítimos de la capital del Turia volverán a acoger el Festival de Música Urbana de València, más conocido como ‘MUV!’. La inauguración será a las 20 horas del día 19 en el Teatro El Musical y correrá a cargo de María Carbonell, cantante de blues de la Ribera Alta.
Durante el evento, cuyos días principales serán el 27 y el 28 de febrero, el público podrá disfrutar de una amplia variedad de artistas y estilos, incluyendo, entre otras cosas, jazz, música clásica, ritmos árabes o soul. Los precios de las actuaciones oscilan entre los doce y los dieciséis euros, aunque algunas son gratuitas y abiertas al público.
Las entradas ya están disponibles en la página web de la iniciativa, donde también se puede consultar la fecha, hora y lugar de cada concierto, así como las actividades complementarias. Hablamos con Lorenzo Donvito, componente del equipo directivo de esta interesante cita en el calendario de la ciudad.
Cuéntanos, ¿cómo nació el ‘MUV!’?
Tenemos un par de locales en la ciudad donde siempre hemos organizado conciertos poco convencionales, en medio de los establecimientos y con toda la gente alrededor. En 2015 se nos ocurrió montar un festival de tres días en Ruzafa, donde trabajamos. Tuvo más de cincuenta actuaciones y quince escenarios. Funcionó genial, vendimos más de cuatro mil entradas y decidimos continuar.
Ha pasado más de una década desde entonces, ¿crees que el evento ha evolucionado?
Sí. Al principio la promoción era más complicada porque las redes sociales no estaban tan desarrolladas como ahora. Además, ha pasado por diferentes barrios como el Cabañal, Las Naves y los tinglados de la Marina. En 2023, tras un parón debido a la pandemia, nos instalamos en los Poblados Marítimos y descubrimos que era un barrio perfecto para la ocasión.
¿Cómo fueron esas dos ediciones posteriores a la crisis de la covid?
Bastante exitosas. La gente se aficiona a los lugares y, si se lo ha pasado bien, quiere repetir. No somos un macrofestival y los aforos suelen ser ajustados, pero en ambas ediciones acogimos a unas 2.500 personas.
«Queremos que la gente se guíe por su intuición y descubra a nuevos artistas»
En tu opinión, ¿cuál es el espíritu del festival?
Descubrir músicas diferentes. No seguimos una línea de estilo definida; elegimos lo que nos gusta. Traemos ritmos árabes, géneros electrónicos de Nueva York, afrobeat, blues, música balcánica… La idea es que la gente se acerque aunque no conozca los grupos, que se guíe por la intuición. Ofrecemos variedad y calidad con propuestas que no llenan estadios, pero tienen mucho talento.
¿Qué papel crees que juega en la escena musical, urbana y cultural de València?
Nos hemos hecho nuestro pequeño espacio dentro de la ciudad y de su escena musical porque contribuimos a enriquecerla con alternativas que no se encuentran fácilmente en otros festivales. Además, tenemos un público fiel compuesto por gente aficionada que valora la propuesta y viene todos los años.
¿Lo más difícil de poner en marcha una iniciativa así es…?
Buscar financiación. Como asociación cultural sin grandes patrocinadores, si no se venden suficientes entradas debemos poner dinero propio. Recibimos ayudas, pero suelen confirmarse en septiembre u octubre, lo que complica la planificación para un evento que se hace en febrero. Al final, nuestro equipo es muy reducido, de modo que cada año supone un desafío económico y logístico.
«Muchos grupos han empezado a ser contratados por la zona después de tocar aquí»
¿Cuál es el proceso a seguir a la hora de seleccionar a los artistas?
Vemos a los grupos antes de contratarlos, contactamos con ellos y llegamos a un acuerdo. Es un método cercano: conocemos a los músicos, negociamos el pago y nos aseguramos de que haya disponibilidad. Uno de los objetivos es que las personas los conozcan. Muchas formaciones han empezado a ser contratadas en otros eventos de la ciudad después de tocar aquí.
¿Se implica la gente del barrio en la organización del festival?
Colaboramos con el Centro de la Reina 121, el Escorxador, la Sociedad Musical Poblados Marítimos y el Teatro El Musical. También trabajamos con Radio Malva y con sitios que nos ofrecen sus espacios escénicos, como la Fábrica de Hielo, el Burning House, el Stone Castle y la Batisfera. Todos ellos son fundamentales para el buen funcionamiento del evento.
¿Alguna novedad respecto a años anteriores?
Traeremos dos grupos que vienen de fuera. Eso aumenta los gastos y es un riesgo económico, pero también se trata de una oportunidad para ofrecer algo diferente y probar nuestra capacidad de organización.
¿Cómo es el perfil típico del público que acude al festival?
La asistencia es muy variada: hay personas jóvenes, adultos e incluso familias que vienen con sus niños pequeños. De hecho, hemos preparado varias actividades infantiles que se llevarán a cabo durante la mañana del sábado 28 en la Fábrica de Hielo. Las entradas se venden a partir de los cuatro años, por lo que siempre hay mucha diversidad de edades.
«No descarto volver a Ruzafa y hacer algo grande como en la primera edición»
¿En qué punto crees que estará el ‘MUV!’ dentro de cinco años?
No aspiramos a convertirlo en un macrofestival. Somos tres personas y, para crecer, sería necesario ampliar el equipo. Eso sí, en algún momento me gustaría volver a Ruzafa y hacer algo grande, como la primera edición. De momento, estamos contentos. Este año hemos apostado un poco más y, si funciona, podremos seguir arriesgando y traer más grupos de fuera.
¿Un mensaje para quienes aún no lo han vivido?
Al final, es un lujo barato. Puedes disfrutar de la música estando muy cerca del escenario y de los artistas y pagando un precio asequible. Además, somos profesionales: pagamos técnicos de sonido y realizamos muchas pruebas para que las cosas salgan bien. Los grupos tienen mucho nivel y los comentarios del público siempre son muy positivos.
Para acabar, ¿qué significa para ti el evento?
Es cultura, vida y movimiento. No es nuestra actividad principal ni da para vivir de ello, pero lo hacemos con mucho gusto. Tener locales nos permite intercambiar ideas y propuestas, y muchos músicos vuelven a tocar en nuestros espacios después de participar en el ‘MUV!’.




















