Durante los siglos XIX y XX la historia de España fue una sucesión casi continua de guerras civiles, golpes de estado, revueltas e inestabilidad política. La lucha por el poder en nuestro país históricamente nos ha enfrentado en bandos que a veces parecieran irreconciliables con consecuencias funestas.
Precisamente uno de estos episodios más sangrientos tuvo lugar en la provincia de Alicante hace justo doscientos años en este mes. Hablamos de la época en que España estaba políticamente dividida entre absolutistas y constitucionalistas. En febrero de 1826 fuimos el escenario de un siniestro juego ‘del gato y ratón’ entre ellos con fatídico final.
Los Cien Mil Hijos de San Luis conquistaron Alicante en 1823
Origen de ‘las dos Españas’
Mientras que se luchaba contra Napoleón durante la Guerra de la Independencia tras la invasión francesa, en Cádiz se redactó la primera constitución en la historia de nuestro país. Hasta ese momento no había más poder absoluto que el del monarca de turno, pero en este texto normativo se introdujeron algunos mecanismos para que el pueblo también pudiera elegir a sus representantes políticos. Es decir, por primera vez se concibió la democracia en España.
A dicha constitución se la conoció popularmente como ‘la Pepa’ ya que fue aprobada un 19 de marzo (día de San José) de 1812. Sin embargo, cuando al fin se ganó aquella guerra dos años más tarde y los franceses fueron expulsados definitivamente, el rey Fernando VII derogó el texto constitucional para seguir gobernando con poderes absolutos.
Algunos españoles se mostraron partidarios de la decisión del rey, mientras que otros la rechazaron. Así pues, ya tenemos los dos bandos formados. Y partir de entonces… a matarse entre ellos.
La Guerra Realista
En 1820 hubo una rebelión constitucionalista (conocida como ‘el Pronunciamiento de Riego’) por el cual parte del ejército logró tomar el poder y forzar que Fernando VII restableciera ‘la Pepa’. En un primer momento el monarca accedió a transitar la senda constitucional, pero no fue más que un espejismo ya que en secreto los absolutistas pidieron a Francia que interviniera militarmente en España para ayudarles.
Así comenzó un conflicto civil denominada Guerra Realista. Los franceses formaron ‘los Cien Mil Hijos de San Luis’, un ejército que entró en España con muchas ganas de resarcirse por la derrota que habían cosechado aquí con Napoleón pocos años atrás. A ellos se unieron las tropas españolas partidarias del absolutismo.
Alicante fue una de las ciudades donde se libró una batalla en esta guerra. En un principio sus autoridades políticas se mantuvieron fieles al gobierno constitucional, pero en noviembre de 1823 fue conquistada por los ‘Cien Mil Hijos de San Luis’. A finales de ese año Fernando VII ya controlaba de nuevo toda España, y la Pepa había vuelto a la papelera.
El comando de los Bazán fue capturado en la Sierra de Crevillent
Aumenta la represión
Desde ese momento el rey ordenó un significativo aumento del control político por todo el país para tratar de sofocar cualquier nuevo connato de rebelión constitucionalista. En el caso de Alicante, se apoyó significativamente en dos hombres que le habían demostrado lealtad en tiempos difíciles.
Como nuevo gobernador de la capital provincial nombró al madrileño Pedro Iriberry, un militar que había luchado con los ‘Cien Mil Hijos de San Luis’ y que estuvo a punto de ser fusilado por los constitucionalistas. Y en Orihuela su persona de confianza era el obispo Félix Herrero, persona de profundas creencias absolutistas. Ambos contribuyeron a crear un ambiente de importante represión sobre cualquier idea o propaganda que oliera mínimamente a la Constitución de 1812.
Nueva rebelión
Sin embargo, los derrotados no se rindieron. En la clandestinidad o el exilio muchos constitucionalistas continuaron elucubrando nuevas rebeliones contra Fernando VII. Entre ellos los hermanos militares Juan y Antonio Fernández Bazán que se refugiaron en Gibraltar para preparar un nuevo golpe.
En un principio pensaron en Galicia como punto neurálgico para el levantamiento, pero finalmente optaron por Alicante. Reunieron a unos sesenta soldados partidarios de la Constitución y el 19 de febrero de 1826 desembarcaron en Guardamar de Segura con la intención de generar un movimiento guerrillero que se contagiara por todo el resto de España.
Finalmente, los constitucionalistas fueron ejecutados en Alicante y Orihuela
Triunfo absolutista
Tras conquistar fácilmente dicha localidad costera, el regimiento de los hermanos Bazán puso rumbo hacia Rojales. Sin embargo, no encontraron el apoyo popular que esperaban. No solo no reclutaron demasiados vecinos para su causa, sino que algunos absolutistas rápidamente corrieron a avisar al obispo Herrero. Tal vez la población ya estaba hastiada de tanta guerra.
El aparato estatal se puso eficazmente en marcha. El Cuerpo de Voluntarios Realistas (una milicia de voluntarios partidarios de Fernando VII) se unió a las tropas comandadas por Iriberry. Dada su evidente inferioridad numérica, a los Bazán no les quedó más remedio que huir. Primero trataron de volver a embarcar en Guardamar buscando nuevamente el exilio, pero una mala racha de viento frustró el plan. Así pues, acabaron escondiéndose en la Sierra de Crevillent.
Finalmente, el comando constitucionalista acabó claudicando el 22 de febrero. Quienes no habían sido abatidos en batalla, fueron fusilados en Alicante o en Orihuela. Los propios hermanos Bazán también corrieron la misma desdichada suerte. No tuvieron un juicio previo ni tan siquiera Iriberry les concedió la gracia de poder confesarse ante un sacerdote a aquellos que quisieran.
Un cuento de nunca acabar
Estos hechos ocurridos en la provincia de Alicante no fueron más que un punto y seguido. Los enfrentamientos entre absolutistas y constitucionalistas continuaron durante los siguientes años.
Luego dichos bandos cambiarían de nombre varias veces, pero persistiendo en su empeño por seguir cazándose mutuamente. A los españoles históricamente nos ha costado horrores aprender de nuestros propios errores pasados… y quizás aún hoy en día siga siendo una asignatura pendiente.




















