Lucía bravo, bien entrón, el hombre. Gran actor de carácter, que es lo que se dice de aquellos generalmente secundarios que por talento brillaban más que las luminarias de cartel. Lo cierto es que, película tras película, lo mismo el maloso que el amigo sacrificado, Miguel Arenas (1902-1965) fue tejiendo buena parte del mejor hilo con el que se cosió el cine mexicano.
Auténtico mito nacional allende el océano, en la zona sur norteamericana, donde los Estados Unidos… mexicanos, lo más curioso es que para acercarnos a su biografía tendremos que tomar una línea física y temporal que habrá de llevarnos desde el alicantino barrio de Benalúa hasta el mismísimo México Distrito Federal (Ciudad de México desde el 29 de enero de 2016). Porque Miguel Arenas nació en Alicante.
Primeros éxitos
La Guerra Civil Española (1936-1939), que necesariamente se nos colará en cualquier artículo de estas épocas, resultó además, por si fuera poco, inmisericorde con los archivos. Así que ¿en qué barrio o calle nació Arenas? Bueno, al menos él mismo dejó constancia: nacía un 21 de abril. En todo caso, Miguel Arenas Guixot arrancó su carrera teatral en el barrio de Benalúa.
Allí se prodigó el salón Granados, creado por el melómano empresario aspense José Terol Romero (1876-1947), quien en 1922 también erigiría en su localidad natal el aún activo Teatro Wagner (dedicado ahora, entre otros, al fílmicamente internacional actor aspense Antonio Prieto, 1905-1965, malvado en los ‘westerns’). El Granados (1917 hasta los sesenta) fraguó muchas carreras de artistas locales. Solo o recogiendo el testigo de otros locales benaluenses.
Muchas carreras de artistas locales se fraguaron en el salón Granados
Benalúa efervescente
De esta forma, teníamos ya el teatro Polo, surgido en 1889, o el Ramón de Campoamor, de 1901, en homenaje al poeta asturiano del mismo nombre (1817-1901), quien también ejerció de gobernador civil (hoy sería subdelegado del gobierno) de la provincia entre 1847 y 1850. Precisamente, será la Sociedad Dramática Ramón de Campoamor la que recoja los primeros pinitos actorales de Miguel Arenas.
Otras compañías, como la madrileña creada por la pareja cómica madrileña Loreto Prado (1863-1943) y Enrique Chicote (1870-1958), lo incluirían en elenco, esta en 1919, y ya de vuelta, directamente al Granados, crea en 1920 el trío Los Hernán-Alvarenas, con la actriz y tiple Josefina Hernández (1900-1968), quien desde los dieciséis años era estrella del Granados, y el actor y tenor Manuel Álvarez (1884-1953).
Como tantos otros, lo tentaron plateas allende el océano, hispanoamericanas
Cónyuge sin biografía
Iba a disfrutar Miguel Arenas Guixot ya del éxito en formaciones propias o como invitado. Como tantos otros, lo tentaron proscenios y plateas allende el océano, hispanoamericanas, aprovechando una suerte de intercambios escénicos, entre los años veinte y treinta del pasado siglo, entre países que hablaban la lengua de Cervantes. Ya no volvería. El 19 de agosto de 1933 nacía en Caracas (Venezuela) su hija, la gran actriz mexicana Rosita Arenas.
Hija también de la española, posiblemente alicantina, Dolores Dios Bermúdez, novia de Miguel Arenas, quien lo acompañaba en la gira, casada con Miguel en 1942 y divorciada no se sabe cuándo: la biografía de Dolores permanece aún hoy entre bastidores. Por un lado, algunos datos quizá ardieron en un bombardeo; por otro, la prensa mexicana (allí se trasladaron a continuación) no solía dedicarse a la persona cónyuge de una estrella.
¿Volvió por Alicante? Si lo hizo, no consta, aunque sí lo hizo su hija Rosita
Tierra de promisión
Pero Miguel Arenas ya estaba en México, país que lo acogió no solo artísticamente, también en lo vital, pues allí se estableció. Debutó ese mismo 1933 en una película de la que solo nos queda el título, ‘In fraganti’. Quizá no fue su mejor chamba, pero luego llegaría toda una hilada de películas, hasta su última estrenada, ‘El pícaro’ (1967), de Alberto Mariscal (1926-2010), con Arenas ya diluido.
Fallecido a causa de un infarto de miocardio agudo, el hecho de estrenar varias cintas tras partir en el postrer viaje nos habla bastante de su ritmo laboral. Viendo su amplia filmografía, toda ella en estudios mexicanos, lo comprobamos. Si bien en todos estos filmes trabajó no más que para lo mejorcito del cine del país. Solo del país.
Realizadores surtidos
Chano Ureta (1895-1979) y Roberto Gavaldón (1909-1986) en ‘El conde de Montecristo’ (1942), también Alejandro Galindo (1906-1999) con ‘Los Fernández de Peralvillo’ (1954), el exiliado barcelonés Jaime Salvador (1901-1976) en ‘Cuando el diablo sopla’ (1966, de las estrenadas ‘post mortem’). Incluso Luis Buñuel (1900-1983), para una cinta internacional, ‘La fiebre sube a El Pao’ (‘La fièvre monte à El Pao’ / ‘Fever Mounts at El Pao’, 1959).
Ahora, ¿volvió por Alicante? Si lo hizo, no consta. Su vida no podía estar más alejada de la transcurrida bajo franquismo. Pero Rosita Arenas sí habla de visitas españolas con su madre (Rosita, de hecho, desposó con el ‘bon vivant’ español Jaime de Mora y Aragón, 1925-1995, ¡por dos meses!: este se embarcó en malos negocios y huyó a España). Lucía bravo, pero se nos peló a México.




















